miércoles, 21 de febrero de 2018

LAS EXPECTATIVAS: OBSTÁCULO PARA EL AMOR

Una de las principales dificultades que me encuentro a la hora de hacer terapia de pareja, son las expectativas que uno de los dos, si no los dos, pone sobre el otro.

Parece como si el otro tuviera que ser, hacer y decir como yo quiero que sea, haga y diga para que la relación funcione, como si el otro debiera cambiar para que yo sea feliz.

¿Es el otro quién tiene que cambiar para que tú seas feliz, o tú?

Y cuidado, no digo que tú no tengas derecho a desear y solicitar cambios en el otro, igual que el otro tiene el deber de abrirse al cambio, de mostrarse receptivo al cambio, que no de necesariamente cambiar por ti.

"¿Entonces qué pasa, que si eructa, se hurga la nariz y deja pelos constantemente en la bañera, tengo que cruzarme de brazos y aguantarme?". No... necesariamente. El problema de este planteamiento es la falsa percepción de obligación de la persona que pone las expectativas, que demanda el cambio: "¡el otro me está obligando a quedarme en una relación que no me gusta!"

Ahí está el sesgo, ahí está la falacia, ahí está el error. Nadie te está obligando a nada más que tú mismo. Puedes romper esa relación en el momento que quieras. "¡Pero no quiero romper esa relación, porque amo a mi pareja!" Entonces: ¿no estás eligiendo libremente continuar con tu pareja, porque le amas, y a pesar de los eructos, hurgamientos de nariz y pelos en la bañera?

Y de golpe y plumazo, se evapora esa falsa sensación de que el otro te está obligando a nada. Tienes dos opciones: o aceptar o terminar.

Y una tercera, la de solicitar el cambio. Porque como dije, tienes todo el derecho de mundo a querer que el otro cambie aspectos (actitudes, conductas) que te afectan y te molestan. Pero ya sin obligación. Puesto que el otro no te está obligando a nada y si decides permanecer en la relación es porque tú, libremente, lo estás eligiendo, no estás en posición tampoco de obligar al otro a nada.

Pero sí puedes pedir, sugerir, invitar, aconsejar, negociar, acordar... 

Y la paradoja es que cuando usamos esos verbos en lugar de: exigir, demandar, obligar, chantajear... ¡Funciona mejor! El otro se vuelve más receptivo al cambio. Si le obligas, el otro percibe que le estás quitando un derecho, y con razón, ¡el derecho a decidir!, y defenderá a muerte ese derecho, porque es importante, y se cerrará por tanto a tu demanda. 

Pero si pides, sugieres, invitas... No te estarás obligando a cambiar al otro, lo cual te generaría una frustración innecesaria, y el otro no se sentirá obligado, percibirá que puede decidir y, si actúa de manera inteligente, escogerá la opción que facilite la armonía de la relación y por tanto la felicidad compartida. 

Contento tú, contento yo, ¡felices y libres los dos!

Y si el otro no escoge la opción más inteligente, siempre puedes mandarle de paseo, o no, o quedarte con tu tonto-tonta, porque a pesar de lo tonto o tonta que es, tiene otras muchas cualidades que valoras, y porque quieres a ese tonto-tonta, y porque, al fin y al cabo...

Tu felicidad no depende de nadie más que de ti.

¡Un abrazo!

miércoles, 14 de febrero de 2018

EL AMOR NO ES UNA FLECHA, ES UN BOOMERANG

Nuestro estado de ánimo no está tan condicionado por los eventos externos (lo que nos pasa) como por nuestros eventos internos (lo que nos decimos sobre lo que nos pasa).

Y por supuesto, nuestras respuestas frente a los eventos externos, están muy condicionadas por nuestra respuesta emocional ante lo que nos hemos dicho que nos pasa.

De ahí, la importancia de pensar bien, para sentirse bien, y actuar de manera más adaptativa y funcional.

Y esto ocurre en todas las áreas y, cómo no, en el amor.

Pensar bien el amor es importantísimo para sentirse bien en una relación romántica o en ausencia de tal relación.

El sábado pasado, en el Taller Desarmando a Cupido, discutimos en grupo sobre algunas de las creencias más populares (y desafortunadas) sobre el amor: la media naranja, el "y fueron felices para siempre", el propio San Valentín...

Porque aunque me parezca fantástico que haya un día para celebrar el amor, igual que hay días para celebrar multitud de otras cosas que nos hacen felices (día de la música, día del libro, día de la solidaridad...), e igual que cualquier día es bueno para celebrar lo que nos dé la gana, del Mito de San Valentín se puede desprender una creencia tóxica que contamina la relaciones de pareja y envenena la autoestima de los solteros: la falsa sensación de obligación.

Y entonces podemos llegar a conclusiones como:

- Si mi pareja no celebra San Valentín con el mismo entusiasmo que yo, es que realmente no le importo.

- Si llega San Valentín y no tengo una relación romántica, estoy solo en el mundo y nadie me quiere.

Porque hoy sea San Valentín, eso no implica que tengas que dar amor, o recibirlo o estar en una relación sentimental, y si no se cumple alguno de esos requisitos es que algo no va bien. Seguramente lo que único que no vaya bien sean: tus expectativas.

Y es que el amor, según como yo lo entiendo, no tiene nada que ver con la obligación. El amor es el acto de amar, es decir: de dar, de manera libre y generosa, tus sentimientos afectuosos a otros entes, llámense hombre, mujer, familia, amigos, animales, naturaleza o cultura. Y cuando hay reciprocidad, se puede producir un encuentro, una unión. Pero en ningún caso una posesión, de la que se deriva una obligación.

El amor no es una flecha que es lanzada al otro y a través de la cual lo poseemos, y a partir de ese momento debemos esperar que nuestras expectativas queden satisfechas, que el otro las satisfaga.

El amor es un boomerang. Lánzalo y te vendrá de vuelta.

Pero no porque el otro te lo devuelva... No, así no funciona. ¿Un boomerang cómo funciona? Vuelve solo. Así de sencillo, vuelve solo.

Si no entiendes la metáfora, vamos a hacer un pequeño ejercicio: ¿te sientes en San Valentín sin amor? ¿Ya seas soltero o estés en una relación, sientes que no tienes el amor que quieres? Bien, pues imagínate que tu amor, tu capacidad de dar amor, es un boomerang. Ahora cógelo y lánzalo fuerte. ¿Lo lanzaste? Ya tienes amor.

Por supuesto, cuando estamos en una relación sentimental, queremos que el otro nos lance su boomerang. Pero no podemos obligar al otro, ya que el amor es el acto libre de dar amor, de lanzar libremente ese boomerang, y en cuanto se convierte en obligación, deja de ser amor.

El amor no va de exigir, ni de esperar, ni de obligar, ni de obligarse, ni de tener, ni de cumplir requisitos.

El amor simplemente es amar.

Hoy en ESRADIO MÁLAGA (90.5FM) entre 12:30 y 13:00 estaré hablando con Rafael Calvo en El Vendedor de Peines sobre San Valentín, Cupido, el amor y la felicidad con o sin pareja.

Nos oímos, nos vemos, nos leemos. Te amo. ¡Un abrazo!

miércoles, 7 de febrero de 2018

¿POR QUÉ SIEMPRE ME VA MAL EN EL AMOR?

Hay personas que suelen lamentarse de tener muy mala suerte en las relaciones de pareja. Van de relación en relación, o bien nunca acaban de cuajar y tener una relación que dure más allá de los primeros meses, del "vamos a conocernos". Tanto si eres una de esas personas, como si conoces a alguien (que seguro que sí) que encaja en el tipo, o si simplemente te interesa aprender más y mejorar en el área del amor, este post puede ayudarte.

En primer lugar, nada de estigmatizaciones, ¡fuera culpas y fuera automachaques! El amor es un encuentro, y es absolutamente normal que haya desencuentros, y la responsabilidad es compartida. Que hayas tenido muchas relaciones que no han funcionado, o muy pocas relaciones o ninguna, no te convierte en peor persona que nadie. La culpa puede ser muy incapacitante, la "etiquetización" también ("yo soy así, el amor no es lo mío..."). A través de detectar en qué fallamos y tratar de mejorarlo se crece, a través de la culpa y el estigma no. Por otra parte: las relaciones románticas son un área más de la vida que puede estar satisfecha o no, pero no son lo único. ¿Qué hay de las relaciones laborales, sociales, familiares? Que te vaya mal en el amor no significa que seas un cero a la izquierda o que estés gafado. Es importante detectar las fallas de uno mismo para poder transformarlas. Y todos tenemos defectos, así que no te infravalores.

En segundo lugar, partiendo de lo anterior, es imprescindible, si quieres empezar a mejorar en el área de las relaciones románticas: que te conozcas. Hacer introspección: observación de los pensamientos, emociones y conductas. Saber qué te gusta, qué quieres, qué te molesta pero estás dispuesto a tolerar, qué detestas,... El segundo principal motivo por el cual a muchas personas les va mal en el amor es que no se conocen a sí mismas ni saben lo que les gusta o quieren, y sus elecciones entonces responden más al azar, a los impulsos sexuales o al deseo de no estar solo, en lugar de a una auténtica motivación por compartir la vida con alguien con intereses y valores comunes.

En tercer lugar, aunque el autoconocimiento es esencial, ya que cada caso es único, y por tanto las causas de por qué a las personas les va mal en las relaciones románticas son múltiples, complejas y singulares, SÍ que hay un primer principal motivo común por el cual a las personas le suele ir mal en el amor: cómo piensan el amor. Nuestras creencias y pensamientos. Porque nuestras creencias y pensamientos determinan nuestra manera de sentir y actuar, no respecto hacia las relaciones románticas, ¡respecto a todo, respecto a la vida! Así:

- Si pienso que las relaciones románticas son lo más importante en la vida y sin ellas no se puede ser feliz (exageración: hiperromanticismo), será fácil generarse ansiedad que derive en conductas de autoboicot: agobiar demasiado a la otra persona (apego ansioso), dependencia emocional y conductas celotípicas por miedo a perder "la felicidad".

- Si pienso que todos los hombres o mujeres son iguales (generalización) fácilmente sentiré miedo a que me hagan daño y desconfianza hacia cualquier persona, lo que me llevará a adoptar actitudes defensivas que seguramente acabarán en la consecución de la profecía autocumplida: cuando yo mismo provoco, de manera inconsciente o involuntaria, el mal que temía.

- Si pienso que si me embarco en una relación es para que la otra persona me haga feliz (mito de la media naranja), me sentiré muy frustrado al comprobar que la otra persona es imposible que cumpla todas mis expectativas, y convertiré en conflicto grave cualquier diferencia o carencia.

Las alternativas racionales a estas tres creencias que he puesto de ejemplo, podrían ser: las relaciones románticas son importantes pero como otras áreas de la vida, y mi bienestar no se circunscribe a un área en exclusiva; cada persona, más allá de los rasgos comunes y de los estereotipos, es única e irrepetible; y mi felicidad no me la tiene que dar nadie, me la debo dar yo, depende de mí.

¿No nos iría mejor si pensáramos así y actuáramos en consecuencia?

De ahí la importancia de pensar bien (de manera sana, racional y funcional) sobre el amor. Porque existen multitud de creencias falsas sobre qué debe y cómo debe ser el amor: mitos, falacias, prejuicios... Y la consecuencia de toda esa "diarrea mental" es que sufrimos más el amor, que disfrutarlo.

Desde hace cinco años vengo aportando mi pequeño grano de arena para derribar viejos esquemas mentales y desaprender estos prejuicios, a través del Taller Desarmando a Cupido: eliminación de creencias tóxicas sobre el amor. Un espacio para cuestionar nuestras maneras de pensar, y por ende de actuar, que espero sirva para mejorar nuestras relaciones, no sólo románticas sino con todo tipo de seres queridos, y por supuesto, la más importante: la relación que tenemos con nosotros mismos.

Pensar bien, para sentirse bien con uno mismo, y amar mejor a los demás.

Si está en Málaga el próximo sábado 10 de Febrero espero verte allí, y si no, como siempre, ¡recibe este abrazo! 

miércoles, 31 de enero de 2018

LA AUTOCOMPASIÓN POSITIVA

De 2015 a 2017 tuve el orgullo de formar parte del APOLel servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestábamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Fue una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevé y que quiero compartir con vosotros, publicando algunas de las consultas más destacadas que tuve la oportunidad de contestar.

Esta semana: LA AUTOCOMPASIÓN POSITIVA.  Un caso real que nos muestra la influencia que tiene para nuestro estado de ánimo cómo nos hablamos y tratamos a nosotros mismos, y por ende, la importancia de ser amables (autocompasivos) con nuestro yo.

CONSULTA


Mi problema es un compendio de muchos problemas que aisladamente no son gran cosa pero todos juntos me ahogan. Tengo 42 años, soy doctor en ciencias por una universidad británica, casado sin hijos. Desde niño yo siempre he sido el tonto de la familia, el loco que estudia una carrera de ciencias, el que es más feo que Picio y tiene una apariencia horripilante, el tonto que tiene que emigrar de España para poder comer, el que se casa con una china porque una española ni lo mira, china que está harta de mis olvidos y despistes, y que está conmigo porque no tiene nada mejor (de momento). A nivel laboral siempre me ha ido de pena, de trabajo en trabajo porque siempre atraía los problemas o metía la pata en el peor momento. He pasado de ser superdotado a tener un CI que ha bajado 30 puntos. Resumiendo, voy en picado, cada 5–8 años tengo que cambiar de país-pareja-trabajo, todo en un pack, y cada vez estoy más cansado, ya no tengo fuerzas para cambiar algo que lleva sucediendo varias décadas ni para sobrellevarlo. Bueno, gracias al menos por escuchar.

RESPUESTA

“Hola, tengo 42 años y, aunque mi familia no me alentó a estudiar Ciencias, conseguí un Doctorado en una Universidad británica. Hoy día, a pesar de mis complejos con mi apariencia física, estoy casado, y también soy uno de esos valientes que, por las circunstancias, tienen que emigrar de España para poder trabajar”.

He usado la misma información que tú ofreces, pero le he dado otro significado. Un significado en el que no te desprecias, no te insultas, no te machacas, no te envileces… De pequeño nos enseñan a relacionarnos con los demás y con el entorno, pero… Rara vez nos enseñan a relacionarnos con nosotros mismos. Sin embargo eso no significa que esa relación sea inexistente. ¿Tratarías como te tratas a un hijo, a un hermano o a un amigo al que pretendes animar y motivar?

El CI puede fluctuar con los años, pero también poseemos una amplia evidencia empírica de cómo la Inteligencia Emocional es tan, o seguramente más, importante para el éxito que el CI. Los estados de ánimo positivos, la motivación y la autoconfianza correlacionan directamente con estilos de afrontamiento más eficaces. Dátelo. Pero para dártelo, tienes que hacer un cambio en tu diálogo interior. Sustituir ese automachaque constante por autocompasión, en el sentido positivo de la palabra: ser amable con uno mismo. 

Fíjate por ejemplo en el Efecto Pigmalión: si le dices a un niño que es torpe no se esforzará, si le dices que puede hacerlo mejor, lo intentará. A través de la terapia psicológica puedes transformar tu diálogo interior, reconocer tus fallos y defectos, y aprender a modificarlos o a aceptarlos y a aprovechar tus fortalezas.

Mírate y trátate distinto, y serás distinto, porque al final, creamos lo que creemos. Suerte y un abrazo.

jueves, 25 de enero de 2018

PROPÓSITOS PARA UNA BUENA VIDA

Cuando pasamos de un año a otro es común que aparezcan nuevos propósitos: empezar régimen, dejar de fumar, ir al gimnasio, aprender un idioma... Vemos el cambio de año como un acicate para cambiar (y mejorar) nuestra vida.

Elsa Punset nos puede decir algo muy interesante al respecto, en este corto pero muy útil vídeo:



Resumiendo, podemos decir que cuando nos marcamos un propósito, debemos tener en cuenta lo siguiente:

1. Mejor uno sólo que muchos. Una meta.

2. Que se pueda dividir en pequeños objetivos intermedios que funcionen como recompensas para nuestro cerebro.

3. Que sea realista y medible, es decir, que podamos comprobar que hemos cumplido nuestro propósito.

Sin embargo, quería hablar en este post de otro tipo de propósitos: la RAE en una de sus acepciones de la palabra propósito nos dice: "objetivo que se pretende conseguir". Y esto es de lo que acabamos de hablar. Pero en otra acepción, nos dice: "ánimo o intención de hacer o no hacer algo". Esta definición es más generalista y me facilita establecer propósitos más flexibles, que no son objetivos que se consigan o no se consigan, sino más bien acciones con las que perseguimos un único fin:

Vivir una buena vida.

Y como estaréis de acuerdo en que para vivir una buena vida no es condición necesaria alcanzar uno o varios objetivos, y tampoco puede definirse en función de la ausencia de malestar, vivir una buena vida podría ser, al fin y al cabo, vivir más bien que mal, según lo que cada uno entienda por su propio bienestar.

Por tanto, estos propósitos flexibles que no necesitamos conseguir, porque no se consiguen ya que son dinámicos, se podrían clasificar en más y en menos.

Pregúntate qué quieres más en tu vida y qué menos.

Para 2018 y para el resto de tu vida.

Yo mismo hice este ejercicio durante las pasadas fiestas, y éste fue el resultado: ayudar más, quejarme menos; reír más, enfadarme menos; beber menos alcohol y "beber" más cultura... ser más feliz, con menos.

La lista podría ser más larga, aquí no vamos a saturar al cerebro ya que estos propósitos son flexibles. Tampoco tienes que llevar un registro ni medir continuamente si lo estás cumpliendo. Simplemente haz tu propia lista de "más y menos". Ponla bonita: coloréala, rodéala de dibujos, usa la imaginación para hacerla atractiva. Y colócala en un lugar importante para ti, visible, para tenerla a mano y recordarla de vez en cuando. Al final del año haz un poco de instrospección: ¿te fue bien? Lo peor que te puede pasar es que llegues a la conclusión de que para el siguiente año tienes que seguir sumando y restando más, ¡y eso no es una mala noticia!

¿Qué pondrías en tu lista?

¿Más bailes y menos preocupaciones?

¿Menos horas de trabajo y más horas en la cama?

¿Menos peleas con tu pareja y más orgasmos?

¿Más caricias y menos críticas?

¿Menos ruido (acústico, mental, emocional) y más paz?

Porque al final tener una buena vida puede ser el resultado de una suma y una resta. Hacer menos lo que nos sienta mal, y hacer más lo que nos sienta bien.

Porque la felicidad no es lo que te pasa, sino lo que haces.

¡Un abrazo!

lunes, 15 de enero de 2018

ALEGATO A LA TRISTEZA

Hoy es Blue Monday. O eso dicen. El día más triste del año según una ecuación. Por supuesto, como su propio creador ha reconocido (lo puedes ver aquí), esta ecuación no tiene nada de científico y se usó en realidad para fines publicitarios: vender billetes de avión. Si la gente está triste tiene más excusas para viajar, fue lo que debieron pensar quienes tuvieron la idea.

El caso es que, de todas maneras, y dado que hoy día existe un día para todo, no me sienta mal que hayan elegido un día para la tristeza. Me parece una ocasión genial para normalizarla, desdramatizarla y, como pretendo hacer con este post, defenderla, exponiendo las RAZONES POR LAS QUE LA TRISTEZA NO ES UNA MALA EMOCIÓN:

1. En primer lugar: porque no existen las emociones buenas y malas. Todas las emociones son naturales y cumplen funciones que son necesarias. Si la tristeza no existiera, nos adaptaríamos peor a nuestro entorno.

2. Algunas de las funciones de la tristeza son: nos ayuda a reintegrar en nuestra experiencia de vida situaciones vivenciadas como adversas o traumáticas; a través de ella procesamos el duelo o pérdida; facilita la introspección y con ello el cambio; fomenta la conducta de apoyo y altruista.

3. A través de las lágrimas que nos provoca la tristeza, llegamos a la catársis emocional (liberación) y nos aliviamos. Así sanamos el dolor emocional.

4. Si no existiera la tristeza no sabríamos valorar otros ánimos como la alegría, el placer o el humor.

5. La tristeza puede ser una fuente de inspiración y un canal de creatividad. Muchos de los grandes autores de todos los tiempos, en diversas disciplinas (literatura, arte, música, cine), crearon sus mejores obras encontrándose inmersos en estados deprimidos. Por un lado la tristeza dirigía sus talentos, y por otro, el arte de crear les ayudaba a transformar su estado de ánimo.

Por tanto, si el Blue Monday sirve para algo (que lo dudo), que sirva para esto: para quitarle valor negativo a la tristeza. ¡No te sientas mal por sentirte triste! No añadas culpa o vergüenza o enfado a tu tristeza. No te forjes una identidad permanente a partir de un estado temporal: no eres un triste por sentirte triste, ni tiene una vida de mierda por tener un día triste. 

La tristeza es necesaria, y puede ser incluso buena, como hemos visto. Así que, ¡permítetela!

Piensa que cada lágrima que brote de tus ojos es una semilla que llega al centro de tu corazón y lo hace más grande, más hermoso, más fuerte.

¡Viva la vida, y por tanto, viva la tristeza, que forma parte de la vida! No se puede celebrar una sin la otra.

Que tengas un día triste o alegre, da igual, pero sobre todo, que tengas una vida feliz. Un abrazo.

martes, 9 de enero de 2018

LA ESCRITURA-TERAPIA: MEDICINA PARA EL ALMA

¿Nunca te has preguntado porque te resulta más fácil ayudar a otros que a ti mismo?

Pasa, ¿verdad? Algunas veces somos capaces de mantener la calma y ofrecer sabias recomendaciones a personas que están en crisis, pero cuando soy yo quien entra en crisis, ¡a ver quién es el guapo que me ayuda a mí ahora!

Tú eres ese guapo o guapa.

Si tienes esa capacidad para con los demás, ¿por qué no la vas a tener para contigo mismo? 

Pero hay que saber usarla, y a veces resulta sumamente difícil porque nos sentimos atrapados por nuestros propios pensamientos autosaboteadores y el remolino de emociones que los acompañan.

Hay una llave que nos puede liberar de ese encierro, y tiene forma de lápiz.

ESCRIBIR.

Porque cuando escribo sobre cómo me siento y por qué, y reflejo qué me estoy diciendo a mí mismo para sentirme así, consigo poner distancia entre mi mundo interior y yo.

Ya no estoy dentro del torbellino emocional, ahora estoy fuera, y estoy observando mis pensamientos y emociones, atrapados en el papel.

Y entonces adquiero perspectiva, puedo objetivar, racionalizar, y darme tan buenos consejos como los que doy a familiares y amigos, si me pregunto: ¿qué puedo hacer para resolverlo, si es que tiene solución, y si no: qué puedo hacer para simplemente sentirme mejor?

La Escritura-Terapia es un recurso tan poderoso como la Meditación, el Mindfulness o el Diálogo Interno, para ser capaces de observar nuestro mundo interior y dominarlo.

Para no quedarnos atrapados en él... y ser más libres, y por ende, más felices.

Principales utilidades de la Escritura-Terapia:
  • Facilita la expresión y comprensión emocional.
  • Nos sirve para ordenar ideas.
  • Descubrimos conflictos internos y ayuda a su resolución.
  • Nos proporciona un análisis de la relación entre lo que sentimos y pensamos y la propia conducta y su funcionalidad.
  • Mejora nuestra autoconciencia y autoconocimiento.
  • Nos ayuda a desahogarnos al facilitar la catársis emocional.
  • Conseguimos observar nuestro estado interior desde una perspectiva externa y por tanto más neutral.
Este sábado 13 de Enero haré un Taller de Escritura-Terapia para enseñar, a través de diversos ejercicios y técnicas, cómo podemos usar y aprovechar este poderosísimo recurso que es la escritura, a favor de nuestro propio bienestar y crecimiento personal.

Conseguir paz interior, escribiendo con cabeza, y desde el corazón.

Si estás en Málaga, espero verte por allí. ¡Un abrazo!