miércoles, 16 de agosto de 2017

DECÁLOGO PARA DESCONECTAR EN VACACIONES

A veces ni las vacaciones nos libran del estrés del trabajo.

Porque nuestro cuerpo es posible que se haya ido de viaje, pero nuestra mente sigue encerrada entre las cuatro paredes de la oficina.

Tranqui, nos pasa a todos (sí, a los psicólogos también), pero se le puede poner remedio. He aquí unos cuantos consejos (o tips, que suena más cool) para desconectar "totalmente" del trabajo en vacaciones:

1. Si sabes que tendrás que hacer alguna tarea en periodo vacacional, intenta hacerla antes. Yo por ejemplo escribí este post la semana pasada porque hoy estoy de vacaciones :)

2. Si temes encontrarte con un follón a la vuelta, en lugar de quitarte trabajo en vacaciones, lo que provocará inevitablemente quitarte tiempo de vacaciones, planifica la semana de tu incorporación antes de irte para que te dé tiempo a hacerlo todo sin prisas ni ataques de pánico.

3. Si puedes delegar, no lo dudes, DELEGA.

4. Apaga el móvil del trabajo si tienes uno. Si tu móvil personal es el mismo que el del trabajo, no te voy a decir que no cojas las llamadas, pero no tienes por qué hacerlo en el instante en el que estás disfrutando de algo importante.

5. Terminantemente prohibido hablar del trabajo.

6. Si surge algún imprevisto laboral que no te queda más remedio que atender, vale, hazlo, pero no pienses que eso estropea tus vacaciones. Dedícate a ello el tiempo que haga falta, ¡y luego vuelve a disfrutar!

7. Si te gustaría irte muy, muy lejos de tu jefe para olvidar su cara, y no te lo puedes costear, hay otras maneras de viajar: leer, meditar, naturaleza o playa, una cervecita en una terracita... En definitiva, el aquí y ahora es la mejor manera de viajar.

8. Duerme más, ¡por dios, duerme más, te lo has ganado el resto del año! Y si el calor te lo impide, el simple hecho de quedarse en la cama media hora más después de que suene el despertador, mmm... El simple hecho de no poner despertador... :O

9. Las vacaciones pueden ser una época excelente para desconectar de otras muchas cosas aparte del trabajo: dieta, gimnasio, suegros...

10. Cuando te entre la llorera porque están a punto de terminar tus vacaciones, recuerda la inmensa suerte con la que cuentas por tener trabajo, ¡y mándale una sonrisa a tu jefe!

Que disfrutéis mucho de vuestras vacaciones. Y los que no tengáis, de vuestros fines de semana, ¡qué también son vacaciones, aunque sean mini-vacaciones! :D Un abrazo.  

martes, 8 de agosto de 2017

EL GPS DE LA FELICIDAD

Si vas hacia el Norte, no puedes dirigirte al Sur, si te encaminas hacia el Oeste dejas a tu espalda el Este.

Los otros caminos no desaparecen, siguen estando ahí, pero tomamos una decisión consciente: elijo orientarme.

No podemos eliminar de nuestra vida las penas, amarguras ni el miedo, pero sí podemos escoger hacia dónde pongo el foco.

A la consciencia, en nuestro día a día, de esa elección, es lo que yo llamo el GPS de la felicidad.

Cuando me oriento hacia la gratitud en lugar de hacia la queja.

Cuando me oriento hacia el aquí y ahora en lugar de hacia el pasado o hacia el futuro.

Cuando me oriento hacia la compasión en lugar de hacia la crítica.

Cuando me oriento hacia la aceptación en lugar de hacia las expectativas.

Cuando me oriento al dar en lugar de al reclamar.

Cuando me oriento hacia la risa en lugar de hacia la lamentación.

Cuando me oriento hacia el amor en lugar de hacia el odio.

Cuando me oriento al Ser en lugar de al tener.

Estas elecciones conscientes las podemos poner en uso cada día, cada día de nuestra vida. Y por supuesto, seguiremos quejándonos, lamentándonos y, lamentablemente, odiando u odiándonos.

Pero ser conscientes de que esa elección existe, puede suponer una gran diferencia. Un abrazo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

MINDFULNESS PARA APRENDER A CONVIVIR CON NUESTRAS EMOCIONES

Convivimos con nuestras emociones.

Y como en toda convivencia, hay algunas normas básicas que es necesario respetar.

Estas normas básicas, sobre todo en lo referente a nuestras emociones dolorosas (tristeza, ira, vergüenza, miedo, culpa...), son:

- No las reprimas. Acepta. Deja que estén, deja que pasen.

- No te recrees en ellas. Está bien que se presenten, no que te acompañen todo el día. Haz algo para sentirte de manera distinta.

- No dejes que te gobiernen. La emoción no decide. TÚ decides.

- No te sientas mal contigo mismo por sentir esas emociones. No añadas crítica ni culpa. Sé autocompasivo.

Si respetamos estas normas básicas de convivencias con nuestras emociones, las emociones estarán ahí y nos dolerán. Pero ya no nos limitarán ni incapacitarán ni serán las protagonistas de nuestra vida ni crearán conductas disfuncionales. Simplemente vendrán a hacer su función, y luego se irán.

El Entrenamiento en Mindfulness o Atención Plena en Emociones nos ayuda, al convertirnos en observadores del aquí y ahora interno, a ser más conscientes de cómo es nuestra convivencia con las emociones y a no vulnerar esas normas de convivencia.

Observando, simplemente observando. Sin represión, sin recreación, sin juicios de valor ni interpretaciones, sin crítica ni machaque. 

Por ello este viernes 4 de Agosto haré el Taller de Mindfulness en Emociones II, con nuevos ejercicios. Si puedes venir, te invito a asistir. Si no, te deseo desde aquí una convivencia respetuosa y muy, muy saludable con tu Universo Emocional. Un abrazo.

lunes, 24 de julio de 2017

EL MIEDO AL MIEDO

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: el miedo al miedo. Un caso que nos muestra cómo es la anticipación y sobrevaloración de la ansiedad lo que acaba provocando el pánico.

CONSULTA

Llevo 3 años de desempleo, sin cobrar ninguna prestación ni ayuda. Me mantengo con lo que mensualmente mi madre (viuda) puede darme a pesar de mis 31 años. Tengo pareja estable pero no podemos independizarnos por la falta de trabajo. Ya ni busco empleo, porque en la última entrevista padecí un ataque de pánico y evito cualquier situación parecida por miedo a que vuelva a pasar. He pedido varias citas con psicólogos, pero cuando llega el momento me entra el miedo y me encierro en casa. ¿Por dónde podría empezar para volver a salir de casa sin miedo a que me den ataques de pánico? Una vez sea capaz de salir, ya podré ir a terapia.

RESPUESTA

Los ataques de pánico son episodios de miedo intenso en los que la persona tiene la sensación de que algo muy malo va a pasar, pero que finalmente no pasa. Se experimenta taquicardia, asfixia, mareos, etc., y se puede pensar que “me voy a morir, me voy a volver loco, me voy a desmayar”, pero nada de eso finalmente llega a suceder. Sin embargo, la persona evita las situaciones que pueden provocar ese ataque de angustia, y es entonces cuando se genera un problema de miedo al miedo que se traduce en un Trastorno de Ansiedad: un TAG, un Trastorno de Angustia con Agorafobia…

¿Qué hay que hacer? No evitar, afrontar. "Pero, ¿qué hago si me vuelve a suceder?" Nada. No tienes que hacer nada. Pasar el mal rato, dándote cuenta de que es sólo eso: un mal rato. Es tu terribilización del ataque de pánico, tu anticipación, tu miedo al miedo, lo que precisamente llama al miedo. Si tomas conciencia de que puede volver a pasar, pero que si pasa no es tan terrible, al dejar de darle tanto valor a un suceso que, aunque muy desagradable no es dramático, dejarás de preocuparte y dejarás de anticipar y de llamar al miedo.


El afrontamiento o exposición se suele hacer de manera progresiva y controlado por un terapeuta, incluyendo terapia cognitiva para cambiar los pensamientos terribilizadores, y técnicas de relajación. Existen hoy día muchos psicólogos que hacemos terapia online y a domicilio, lo que facilita el trabajo con la agorafobia.

Por otro lado, es posible que tu situación de desempleo, y la presión psicológica que genera la misma, haya sido el desencadenante de tu problema de ansiedad. No te machaques, céntrate en las soluciones, en el qué puedes hacer, y sobre todo, date tiempo. Ánimo, un abrazo.

martes, 18 de julio de 2017

APRENDER A VIVIR CON MIEDO

A pesar de los miles de años transcurridos y todos los avances realizados, la verdad es que nuestro cerebro, desde un punto de vista evolutivo, no es muy diferente al de un hombre de las cavernas. Y sólo hace falta echar un vistazo a alguno de nuestros análogos para darse cuenta, ¿verdad? Algunos por cierto ocupan sillones en despachos importantes. 

Así, el hombre de las cavernas necesitaba un cerebro muy en alerta porque cada vez que salía de la cueva se enfrentaba a peligros constantes: animales salvajes, tribus rivales, accidentes geográficos... El hombre de las cavernas necesitaba vivir con miedo, y sabía vivir con miedo, porque al fin y al cabo ese miedo le salvaba la vida.

Hoy sin embargo, esos peligros han desaparecido, pero en muchas ocasiones mantenemos ese nivel de alerta, aun cuando la amenaza no es real. El miedo por tanto, que es inevitable y sigue siendo necesario, se convierte no obstante en multitud de casos en un miedo exagerado.

Y de ahí vienen la fobias, las inseguridades, la ansiedad, el estrés...

Sobrevaloramos los peligros del mundo real y las consecuencias negativas de su impacto. Y el miedo que nace de esa sobrevaloración, es un miedo totalmente disfuncional, inadaptativo.

Por lo tanto, una 1ª clave para superar nuestros miedos o, mejor dicho, aprender a vivir con nuestros miedos, tal como hacía el hombre de las cavernas, es hacer una valoración más justa del peligro, pero también de los recursos personales que tenemos para afrontar ese peligro. Entiéndase como peligro, en el mundo actual: un despido, una enfermedad, un rechazo, una ruptura, una tarea, un reto, una hipoteca, unloquesea, porque al fin y al cabo, hoy día, ante cualquier estímulo podemos reaccionar como si estuviéramos frente a una grave amenaza.

Luego, una 2ª clave, al hilo de lo expuesto, sería valorar también en su justa medida el impacto de las consecuencias negativas del peligro o amenaza. Es decir, el "ponte en lo peor". Y cuidado porque, seguramente, al ponerte en lo peor, te darás cuenta de que lo temido efectivamente no es nada bueno, no es deseado, es una faena. Al fin y al cabo nadie quiere ser despedido (a no ser que no te guste tu trabajo), nadie quiere contraer una enfermedad (a no ser que no te guste tu trabajo y quieras cogerte una baja), nadie quiere que le rechacen o que rompan su relación (a no ser que...). Pero poniéndote en lo peor te darás cuenta de que lo peor, no es el fin. Es un mal superable. Después de lo peor, sigue habiendo soluciones y alternativas, incluso en el caso de una enfermedad terminal, hay alternativas: tu alternativa es el aquí y ahora. Incluso en el caso de la muerte, después del mal más temido, queda la paz.

Por último, una 3ª clave para aprender a vivir con tu miedo es comprometerte con la vida que quieres vivir. Es verdad que hay afuera hay peligros y amenazas, y aunque la mayoría son inventados o exagerados, nuestro cerebro en alerta (nuestro Ego Sobreprotector) no puede evitar alarmase. Es evolución, una respuesta muchas veces innatas, no elegimos sobresaltarnos ante la mayor tontería del mundo. Pero sí que podemos decidir preocuparnos ante esa falsa alarma, o redirigir nuestra atención y acción hacia lo que verdaderamente me importa y da significado a mi vida: mi familia, mis amigos, mis proyectos, mis metas, mis aficiones, mis principios y valores, mi ilusión...

Hace poco leí una genial frase de Daniel Dafoe que dice: "El miedo no para la muerte, pero detiene la vida". Y otra no menos genial de Pablo Neruda: "Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida". Sintetizan bastante bien la idea fundamental de este post:

Si tu compromiso es con el amor a la vida,
y no con el miedo a la muerte
(o con cualquier otro tipo de miedo),
ese compromiso te dará la lucidez suficiente para ignorar tus miedos,
sin son inventados o exagerados,
o afrontarlos, si suponen un obstáculo para tu compromiso
con el amor a la vida.

Vive con miedo que no pasa nada... mientras el miedo no te impida salir de la cueva... y vivir la vida que quieres vivir. Un abrazo.

jueves, 13 de julio de 2017

COSAS QUE TE DIJERON QUE ERAN MALAS Y PROBABLEMENTE NO LO SEAN

Seguro que todos somos capaces de enumerar una serie de valores que, de manera general, se consideran positivos: la gratitud, la solidaridad, la valentía, la sabiduría, la esperanza, la autorrealización... La lista podría ser más larga y todos estaríamos de acuerdo en la importancia de estos valores para la vida, tanto en el plano individual como en el colectivo.

Sin embargo, hay otros valores que seguramente hemos subestimado y que incluso hemos asimilado como negativos, por el fruto de malos aprendizajes ya que, como veremos a continuación (o como yo voy a tratar de defender), no son para nada antivalores y, dependiendo de la cantidad, el contexto, el momento y el uso que se les de, ciertamente, pueden llegar a ser valores que enriquezcan enormemente nuestra vida.

De hecho, el exceso de solidaridad puede potenciar la dependencia en detrimento del desarrollo de la autonomía, el exceso de esperanza puede derivar en ingenuidad y frustración, y el exceso de valentía puede llevar directamente al suicidio inintencionado. Todo puede ser bueno en su justa medida, todo puede ser malo si es en exceso o en defecto.

Esta es mi lista de Cosas que te dijeron que eran malas y probablemente no lo sean:

  • La lentitud. ¿No te ha pasado alguna vez que alguien te ha criticado por hacer algo de manera parsimoniosa, o tú mismo te has criticado? Vivimos en la cultura de la inmediatez. Y esto es así porque en un Sistema como el nuestro, en el que el objetivo viene a ser la productividad (en lugar de la felicidad, qué cosa más triste), el factor eficiencia, que significa "hacerlo bien con la menor cantidad de recursos posibles" (entre esos recursos, el tiempo), cobra una importancia exagerada. Trabajar, interactuar, vivir, de manera más lenta, además de quitarnos estrés, nos ayuda a estar más conectados con lo que estamos haciendo, con el aquí y ahora, de manera más consciente y también, más gratificante.
  • La pereza. Claro, si "hay que" ser productivo, ¿¿¿cómo te vas a permitir ser vago??? El problema de esta creencia aparece cuando no nos concedemos momentos de pereza porque tememos volvernos perezosos (un claro ejemplo de la presión psicológica que puede llegar a ejercer el Sistema), o cuando por darte momentos de ocio y descanso te sientes culpable porque no estás aprovechando el tiempo, ya que no estás siendo productivo. Cuando mueras pondrán en tu lápida "Aquí yace X, fue una persona muy productiva". ¡Qué tontería! Necesitamos muchos momentos de relax, mucha diversión, dormir más, hacer mucho más NADA... ¿Y sabéis cuál es la paradoja? Que eso es productivo, porque si el cuerpo y la mente descansan y encima estoy de buen humor, voy a rendir mejor.
  • El silencio. Hay una memorable escena de Pulp Fiction protagonizada por
    John Travolta y Uma Thurman, en la que ella, tras un largo silencio, le dice a él: "¿No los odias?", y él pregunta: "¿El qué?", y entonces ella responde: "Estos incómodos silencios. ¿Por qué creemos que es necesario decir gilipolleces para estar cómodos?". Tal como responde el personaje de Travolta después, yo también creo que es una buena pregunta. ¿No habéis tenido a veces la sensación de "tengo que decir algo"? ¿Por qué? Y esto se pone mucho más de manifiesto cuando alguien nos cuenta un problema o nos revela que se siente mal: "¡Alarma, alarma, di algo, soluciona la vida de este pobre diablo, móntale en una nube y haz que se sienta feliz!". A veces el silencio dice más que las palabras, a veces escuchar sana más que decir. Como diría Tarantino: "Disfruta tu puto silencio, joder".
  • La simpleza. Y es que, ¿no tenéis la sensación de que, entre todos un poco, hemos complicado de una manera totalmente innecesaria nuestro estilo de vida? ¿Para qué, para tener más? Pero no sólo en un plano material, también en lo social y en lo personal. Hay que tener más amigos, más experiencias, más virtud... Más no siempre es sinónimo de mejor. Luego vemos a alguien con una vida muy "básica" pero feliz, ¡y casi que nos molesta! Nos entran ganas de decirle: "Oye, ¿pero qué estás haciendo con tu vida?, ¡la estás desperdiciando, haz más cosas!" Si se lo dijéramos seguro que nos miraría con cara rara, ¡y con toda la razón del mundo! Menos es más: menos complejidad es menos estrés y por tanto más paz, menos pertenencias es menos cargas y por tanto más ligereza, menos apego es menos necesidades y por tanto mayor independencia y libertad. Sé que moriré sin tener muchas cosas, sin haber vivido muchas experiencias y sin haber desarrollado muchas virtudes, y no quiero que eso me importe, no quiero que eso determine mi felicidad.
  • La irreverencia. ¿Qué es lo contrario a ser irreverente? Seguir las normas, acatar. No es malo, es necesario, pero el mal aprendizaje que hemos podido extraer es: hay que ser siempre correcto. ¿Y qué es lo correcto? ¿Hacer lo que otros dicen que haga? ¿No se pueden equivocar los otros, son las normas siempre correctas? Y aunque siempre lo fueran (que no es así, de ningún modo), si me obligo a ser siempre correcto, ¿no me estaría obligando a ser perfecto, no me castigaría en demasía cuando fallo, no estaría dejando de aceptar mis limitaciones? Ni siempre podemos seguir las normas, ni siempre debemos. La insumisión y la rebeldía han derivado no pocas veces en un cambio que ha transformado a la sociedad para bien y la ha hecho más justa. Si seguimos la corriente nunca sabremos qué nos estamos perdiendo al otro lado.
  • La diferencia. ¿Quién no se ha sentido mal por ser diferente, por no encajar, por no seguir "la misma onda"? ¿Y acaso ser diferente es malo? Entonces, ¿por qué sentirse mal? ¿Es justo que nos sintamos inferiores por nuestras diferencias? Nuestras diferencias no nos hacen peores, nos hacen NOSOTROS, nos hacen únicos. Y quizá queramos encajar en todos sitios pero no todos los sitios ni todos los grupos están hechos para nosotros, y no pasa nada. Si no tuviéramos diferencias, seríamos borregos de una misma manada que se dejan gobernar por el pastor y no pueden decir más que "¡Beee, beee!". No tendríamos voz propia, careceríamos de pensamiento crítico, no nos distinguiríamos. Ama tus diferencias, porque no te hacen peor ni mejor, te hacen ser tú.
  • La inmadurez. Pensemos por un momento en el valor opuesto: la madurez. Se considera, por norma general, una virtud. Y lo es si la madurez te acerca a tu mejor Yo, tu Yo más auténtico. La madurez tiene que ver con la autorrealización, con el crecimiento personal, con dejar de ahogarse en un vaso de agua y saber observar las cosas desde una posición más serena y reflexiva. La madurez no es volverse más serio, con más responsabilidades y más aburrido. La madurez es responsabilizarte de tu vida y de tu actitud ante la vida. Y es, en este sentido, de personas sumamente responsables: no dejar de jugar, de reír, de soñar, de hacer el payaso, de ensuciarte las rodillas. Es una gran responsabilidad, sin duda, no perder el contacto con el niño que llevamos dentro

No todo lo que parece malo es malo, no todo lo que parece bueno es bueno, pero ciertamente podemos hacer de nuestra vida una BUENA VIDA, con los valores que, no nuestros aprendizajes o el Sistema, sino nosotros, queramos añadir. Un abrazo.

miércoles, 5 de julio de 2017

¿POR QUÉ SE DEBERÍA ENSEÑAR INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LAS ESCUELAS?

El sistema educativo, al menos en España (y casi en el resto del mundo), aún sigue centrado en el desarrollo de la inteligencia lógico matemática, sobre todo, y lingüística, en la adquisición y consolidación de contenidos, y en los resultados académicos.

Otro tipo de modelo es posible, en el que se priorice la aplicación práctica por encima de la mera acumulación de teoría, y el desarrollo de competencias como la creatividad, la capacidad de análisis y el pensamiento crítico, por encima de las notas.

Y por supuesto, en el que se tenga en cuenta otros tipos de inteligencia más allá de la lógico matemática o la lingüística, como la Inteligencia Emocional.

Ya en 1983, el psicólogo y profesor de Harvard, Howard Gardner, ideó la Teoría de las Inteligencias Múltiples, de máxima aceptación hoy, en la que se dejaba de considerar la inteligencia como algo unitario y se empezó a entender como una red de potencialidades intelectuales interrelacionadas. En la actualidad se distinguen hasta 8 tipos de inteligencias: la lógico matemática, la lingüística, la corporal-cinéstésica, la visual-espacial, la musical, la naturalista, la interpersonal y la intrapersonal.

Más tarde, en 1990, los psicólogos John Mayer y Perter Salovey crean el constructo de la Inteligencia Emocional, que después popularizaría Daniel Goleman con el libro homónimo. Este concepto, al ser posterior a la Teoría de Gardner, queda fuera de la misma, pero en realidad la Inteligencia Emocional engloba aspectos claves de la inteligencia interpersonal e intrapersonal, ya que definimos a aquélla como: la habilidad para comprender, expresar y regular nuestras propias emociones y las de los demás.

Gran parte del éxito del libro de Daniel Goleman, Inteligencia Emocional, se debe a que numerosos estudios científicos recogidos en el libro ponen en evidencia que la inteligencia lógico matemática (la que miden los tests de inteligencia para llegar al Coeficiente Intelectual) no es mejor predictor del éxito que la Inteligencia Emocional.

Y es que a fin de cuentas, ¿de qué te sirve ser el más listo de la clase si luego vas a suspender un examen, te vas a frustrar, no vas a saber lidiar con esa emoción, y vas a acabar dejando los estudios? ¿De qué te sirve estudiar mucho y hacer siempre los deberes, si cuando te pongan a hacer una actividad en grupo, no vas a saber trabajar en equipo, por falta de empatía o habilidades de comunicación?

¿De qué sirve hoy tener un expediente académico impoluto, si no sabes regular tus propios estados emocionales? ¿De qué sirve haber llegado a directivo si vives estresado? ¿De qué sirve el éxito si no eres feliz, o acaso el mayor éxito no es la felicidad?

La Inteligencia Emocional, junto a la creatividad y el pensamiento crítico, sigue siendo hoy la gran olvidada de los sistemas educativos, y he aquí un buen número de razones para implementarla desde ya en las escuelas:
  • Permite un conocimiento más profundo de uno mismo y de su Universo Emocional.
  • Hace ganar autoconfianza.
  • Favorece el autocontrol, la adaptabilidad y la innovación.
  • Genera actitudes de motivación y optimismo.
  • Facilita la adquisión de habilidades sociales y el trabajo en equipo.
  • Incrementa la capacidad empática de los individuos.
  • Refuerza la tolerancia al estrés, a la frustración y a la incertidumbre.
  • Provoca la facilitación emocional: cuando a través de la regulación de mis emociones facilito otros procesos, como la toma de decisiones, la innovación y el rendimiento.
Y todo ello es imprescindible para el éxito, sea esto lo que cada persona quiera entender como éxito.  


En definitiva, un buen desarrollo de nuestra Inteligencia Emocional facilita que seamos capaces de adaptarnos a los retos continuamente cambiantes de esta sociedad, y no sólo eso, también transformarla, para crear un mundo mejor.

A fin de cuentas, un mundo con personas más felices, o con mayor facilidad para gestionar su felicidad/infelicidad, es un mundo con menos competitividad, con menos conflictos, con menos guerras.

Afortunadamente, las personas no dejamos de aprender durante toda la vida. Por ello este sábado 8 de Julio impartiré en Málaga un Taller de Inteligencia Emocional. Porque nunca es tarde para tener éxito en nuestra insaciable búsqueda de la felicidad.

Te dejo con una frase de (¡atención!) Aristóteles: "Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto".  Buen día, un abrazo.

lunes, 26 de junio de 2017

¿TENGO UN PROBLEMA POR SENTIRME FELIZ ESTANDO SOLA?

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: ¿Tengo un problema por sentirme feliz estando sola? Un caso real que nos muestra como la presión social puede engrandecer y demonizar algo tan natural como es la soledad y que además tiene múltiples ventajas.

CONSULTA

Soy una chica de casi 30 años, con pareja, una familia genial y con unas relaciones sociales demasiado satisfactorias. En este "demasiado" me quiero centrar. No me interesan mucho los grupos, ni tener a gente siempre ahí. Son muchas las personas que me dicen que por qué estoy sola, que salga, que me relacione, y mi carácter dubitativo me hace pensar que tengo algún problema. Pero es que la mayor parte de las veces que estoy con gente con mucha frecuencia siento que pierdo el tiempo. Trabajo en algo que me encanta, pero gasto muchas horas en ello, y el tiempo que me queda me gusta aprovecharlo para pintar, escribir, pasear y fotografiar, escribir, ver pelis o... mirar al cielo yo sola pensando en lo maravilloso que es el mundo. El caso es que no entienden que prefiera esto, y esa incomprensión me hace pensar que tengo un problema por sentirme tan feliz sola y entonces me fuerzo a estar con otros. ¿Qué pasa con los que somos solitarios porque queremos, sin tener ningún problema de relaciones sociales más allá de que no nos gustan los grandes grupos?

RESPUESTA

Nada. No pasa absolutamente nada. Así, radical. Deja de pensar que pasa algo porque no pasa absolutamente nada. Eduardo Punset dice en su libro El viaje a la felicidad: "No es tan importante lo que hay que aprender, como todo lo que tendríamos que desaprender". Hemos aprendido multitud de creencias irracionales que provocan pensamientos sesgados y hábitos disfuncionales. A lo mejor las personas que te "obligan" a salir y relacionarte más han mal aprendido que para divertirse necesariamente hay que hacerlo acompañado.
Lo importante es que tú te sientas bien. La vía para sentirte bien la eliges tú y mientras cumpla su fin y no sea algo que haga daño a otras personas o a ti misma, bienvenida sea. Forzarte a hacer algo, sólo porque lo hagan los demás, es muy posible que no te haga sentir. bien Las costumbres, las convenciones sociales, las modas... actúan como fuerzas psicológicas que nos presionan a ir en manada, aunque no nos gusten ni el rebaño ni el camino. Esto crea tensión psicológica y conflictos internos totalmente innecesarios.

Está demostrado que la soledad no es necesariamente "mala": potencia momentos de reflexión, de cambio, o de creatividad como en tu caso. También numerosos estudios nos dicen que las relaciones sociales significativas son unas de las principales fuentes de bienestar para las personas. Pero querer estar sola a veces para disfrutar de la soledad no es lo mismo que estar sola o sentirse sola. Disfruta de tu soledad, sin culpa, sin remordimiento, y siéntete libre cuando lo hagas. Un abrazo.

miércoles, 21 de junio de 2017

EL EGO SOBREPROTECTOR

El Ego es la consciencia de uno mismo.

Entonces, nos solemos referir al Ego como un ente propio, ya que yo no soy sólo yo, no soy sólo lo que hago, lo que digo, lo que siento o lo que pienso, también soy lo que pienso que hago, lo que pienso que digo, lo que pienso que siento e incluso lo que pienso que pienso.

Toma ya... Pues no acaba ahí la cosa, porque el Ego es además la consciencia de uno mismo en el mundo, ya que no somos seres aislados, sino que vivimos en constante interrelación con nuestro entorno. El Ego es también por tanto lo que pienso que hacen, lo que pienso que dicen, lo que pienso que sienten y lo que pienso que piensan, respecto a mí.

Ole. Pero tampoco acaba aquí la cosa. Porque yo no soy sólo mi Ego, aunque pueda parecerme que yo soy sólo mi Ego. En realidad: Yo soy más que lo que pienso que hago, digo, siento y pienso, y más que lo que pienso que mi entorno hace, dice, siente y piensa respecto a mí, ya que también soy lo que hago, digo, siento y pienso en constante interrelación con mi entorno. 

Sin embargo, lo que creo que es más importante (o quizá lo que creo que cree mi Ego que yo creo que es más importante... mejor dejémoslo) es que nos demos cuenta de que: existe una relación entre la consciencia de mí mismo y mi mí mismo. Es decir, entre mi Ego y Yo. Y esa relación, al igual que la relación con un familiar, un amigo, una pareja, un compi del trabajo y etcétera, también es susceptible de ser tóxica.

Lo explicaré con una pequeña metáfora: la del jarrón milenario.

Imagina que tienes un jarrón en tu casa, y que es precioso. Es tan bonito que cada vez que pasas por su lado, abrumado por su hermosura, te levanta el ánimo, te hace sentir bien. Quieres ese jarrón, lo amas.

Pero un día llega a ti una asombrosa revelación: resulta que ese jarrón que hay en tu casa, es un jarrón milenario, de un valor imposible de calcular. El jarrón ya no sólo es hermoso, ahora es importante. Y desde que sabes esto, lógicamente, te vuelves muy cuidadoso y precavido con el jarrón: ya no limpias la zona en la que se encuentra temeroso de cometer una torpeza y que se rompa, tampoco te provoca la alegría que sentías antes la visión del jarrón porque ahora ni te atreves a pasar por su lado por miedo a tropezar y derribarlo, ni siquiera invitas a amigos a tu casa, desconfiando de que alguno sepa de la valía del jarrón y decida robártelo, ¡e incluso no consigues dormir por las noches debido a este motivo!

Sin darte cuenta de cómo, el jarrón se ha ido convirtiendo en la causa de multitud de desdichas. Y es que, en realidad, el jarrón ya era valioso antes de que supieras que era milenario. Ni siquiera hacía falta que supieras de esta cualidad para considerarlo de un valor incalculable: el jarrón era hermoso, el jarrón te hacía sentir bien. Amabas el jarrón, y no hacía falta que fuera un jarrón importante, para amarle.

Cuando la consciencia de nosotros mismos en el mundo nos otorga demasiada importancia en él, aparecen el celo, la inseguridad, la desconfianza. No es que no haya amor, pero no fluye, porque lo que fluye es el miedo, y ese miedo bloquea el amor. El Ego está orientado a la protección y tan enfocado en ella, debido al peso y relevancia que nos da, que finalmente se convierte en sobreprotección.

Cuando me quiero, sin condiciones, porque no necesito ser milenario, no necesito ser importante, no necesito que no me rompan, simplemente me quiero, independientemente de lo que piense que haya hecho, dicho, sentido o pensado, y por supuesto, totalmente independiente a lo que piense que otros hagan, digan, sientan o piensen de mí, entonces, fluye el amor.

El miedo empuja la sobreprotección, que sólo lleva a más miedo.

Y lo que empuja el amor, es el amor.

Un abrazo.

Y:


Date el suficiente valor
como para que te dé igual que te rompas.
Porque cuando eso pase, será el valor que te das,
lo que recomponga tus piezas.

jueves, 15 de junio de 2017

REALMENTE: ¿QUEREMOS SER FELICES?

En mi trabajo como psicólogo me he dado cuenta de que la mayoría de las personas no queremos ser felices.

Y no hablo de esas personas que se odian o menosprecian a sí mismas hasta el punto de que no se consideran merecedores de sentir felicidad y por tanto se autosabotean constantemente. Esas personas no son la mayoría, y ése es otro problema a tratar, y que debe ser abordado en psicoterapia.

No, de lo que yo hablo es que la mayoría de las personas no queremos ser felices porque lo que queremos es que nos pasen cosas buenas para ser felices.

Condicionamos por tanto un estado interno a factores externos: eventos, resultados, cosas que tengo u obtengo.

Y hasta cierto punto ha de ser así. Hasta cierto punto... Es decir: es antinatura forzarme a sentirme bien cuando me ha pasado un evento negativo, he perdido algo o no he obtenido lo que quería.

El problema aparece cuando valoro mi vida o me valoro a mí mismo exclusivamente en función de lo que me pasa, lo que consigo o lo que tengo.

Ése es un problema muy chungo. Casi tanto, ahora que caigo, como el de pensarse no merecedor de felicidad.

Porque si pienso: "Para ser feliz han de pasarme cosas buenas o conseguir lo que quiero o tener muchas cosas", fácilmente llegaré a la conclusión de que: "Me pasa algo malo o no consigo lo que quiero o no tengo muchas cosas... no merezco ser feliz".

Ridículo.

La adversidad, el fracaso, la pérdida y la carencia forman parte de la vida, y si quieres ser feliz, tienes que vivir la vida, tal como es, aceptándola, con sus sombras y sus luces, y así también has de aceptarte a ti mismo.

La felicidad podemos entenderla como una emoción, como un estado de ánimo, como bienestar. No es una meta, no es un estado permanente, es transitoria.

Pero sí es cierto que cuando nos pensamos a nosotros mismos y valoramos nuestra sensación de bienestar global, podemos preguntarnos: "¿Soy feliz, tengo una buena vida, tengo la vida que quiero tener?" Y entonces me puedo contestar: "No, porque sufro; no porque no consigo ciertas cosas o no tengo muchas otras".

Da igual. En serio, da igual. DA IGUAL.

Sufre. Y sé feliz.

Fracasa. Y sé feliz.

Pierde. Y sé feliz.

Ten poco, pero ten felicidad.

No eres peor persona, ni más desgraciado, ni más infeliz por que te pasen o te dejen de pasar cosas malas o buenas. La felicidad no va de las cosas. La felicidad va de lo que haces, con las cosas. Un abrazo.

miércoles, 7 de junio de 2017

EL SÍNDROME DE LOS BICHOS RAROS

Una autoestima sana es el pilar base para una vida feliz.

Entendiendo vida feliz como bienestar, que desde luego no implica estar siempre bien.

Pero difícilmente vamos a sentirnos bien en algún momento, si no nos sentimos bien con nosotros mismos.

Por eso las consultas de psicólogos se llenan de personas con problemas de ansiedad y depresión, y por muy distinto que sea el origen, la mayoría presenta un denominador común: falta de autoestima.

Cuando un psicólogo detecta esta falta de amor propio, una de las acciones más comunes, y que se fomenta mucho desde la Psicología Positiva, es la de promover el autoconocimiento en el sujeto, para que su autoconcepto, que seguramente estará sesgado por distorsión, cambie, y se aproxime a una definición más exacta y justa de la realidad. 

Además, se persigue sobre todo que la persona conozca cuáles son sus fortalezas personales, sus virtudes, sus recursos, lo que tiene de bueno, lo que se le da bien, ya que ese feed back positivo mejorará su autoimagen al tiempo que le dota de autoconfianza para afrontar sus retos de vida.

Todo esto es bueno. Todo esto hay que hacerlo. Todo esto sirve.

Sin embargo... me he dado cuenta de una cosa. Mis años de experiencia profesional como psicólogo me han aportado una especie de revelación con una utilidad profundamente personal y que ahora quiero compartir contigo. Y es la siguiente:

La mayoría de las personas con déficit de autoestima,
no se piensan con una carencia de fortalezas,
sino que no les dan valor porque creen que sus defectos
les hacen especialmente inferiores.

Estas personas, nosotros, ¡yo!, nos creemos como bichos raros. Si tenemos miedo, nos pensamos los más cobardes del mundo. Si fracasamos, interiorizamos el fracaso como algo que forma parte de nosotros. Si nos hacen daño llegamos a la conclusión de que es lo normal, si sobreviene la adversidad que es lo que me toca.

Es tan grave hacer este tipo de interpretaciones.

Porque no es verdad. Pero atrapados por esa maldición de inferioridad que nos hemos autoatribuido, llegaremos a la conclusión de que mis limitaciones, mis fallos, mis desgracias, es lo que me merezco, porque no soy lo suficientemente bueno.

Es difícil liberarse de esa maldición de pensarte peor que el resto, es muy difícil. Sobre todo hacerlo uno solo. Por eso te pido que, si conoces a alguien que sospechas está bajo el dominio de esa maldición, le digas: "yo también".

Yo también he tenido miedo.

Yo también he fracasado.

Yo también me he sentido incapaz.

Yo también he estado en la mierda.

A mí también me han hecho daño.

A mí también me han rechazado.

Yo también he sido un "bicho raro".

El autoconocimiento y descubrimiento de las fortalezas personales es muy importante para tener una buena valoración de uno mismo. La aceptación de nuestra vulnerabilidad, es imprescindible.

¡Y que vivan los bichos raros! Un abrazo.

Recordatorio: este sábado 10 de junio por la mañana hago Taller de Autoestima: ¡Soy imperfecto y me alegro! en el Centro de Málaga. ¡Te espero! 

jueves, 1 de junio de 2017

ANSIEDAD ANTE LOS CAMBIOS

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: Ansiedad ante los cambios. ¿Quién no la ha sufrido? A través del siguiente caso real  te propongo algunas claves para superarla.

CONSULTA

Hace cuatro meses me mudé de ciudad esperando cambiar mi vida. Tengo 28 años y decidí estudiar una nueva carrera, si bien estoy contenta con mi elección, siento mucho miedo de no poder estar a la altura, además de muchísima inseguridad al momento de buscar trabajo (ya que mis padres me ayudan económicamente ahora). Tengo episodios donde mi autoestima está por los suelos y no soy capaz de cumplir con los objetivos que me gustaría alcanzar, es una especie de auto sabotaje que no me deja vivir.

RESPUESTA

El autosabotaje del que hablas se puede dar de diversas maneras. Una a través del pensamiento anticipatorio: anticipar lo malo cuando no tenemos evidencias ciertas de que vaya a ocurrir. “No voy a estar a la altura, no voy a encontrar trabajo…”. Puede provocar el efecto de la profecía autocumplida: si pienso que mis posibilidades de encontrar trabajo son mínimas, no me esforzaré mucho por encontrarlo y… finalmente, no encontraré trabajo.

Este pesimismo boicoteador se contrarresta con una actitud optimista. Se ha demostrado que el optimismo actúa como una fuerza que nos acerca a los objetivos porque se produce un ajuste entre las expectativas y el esfuerzo. Pero optimismo no es pensar que las cosas me saldrán bien porque el universo se va a alinear a favor mía. Es enfrentarte a los retos siendo consciente de que tienes los recursos personales necesarios para superarlos. Por eso nuestra autoconfianza y, asociada a ésta, nuestra autoestima, es decir, la valoración que hacemos de nosotros mismo, influye directamente sobre nuestra capacidad para ser optimistas.

¿Conoces cuáles son tus recursos personales, tus fortalezas y virtudes? Un ejercicio que te puede ayudar en este autoconocimiento es hacer una lista de tus logros: las cosas que has conseguido, que has superado, que has aprendido… o incluso aquellas veces en las que fracasaste pero te sientes orgullosa por haberlo intentado. En la sociedad actual se tiende a sobrevalorar el fracaso, pero la verdad es que cada fracaso es una lección de aprendizaje que nos ayuda a mejorar. El fracaso es imprescindible para el crecimiento. 

Por último, ajusta tus objetivos a tus capacidades, es decir: proponte metas que sean realistas, claras y concretas. Y date tiempo para alcanzarlas, y margen para equivocarte y rectificar sobre la marcha. Ánimo, un abrazo.

jueves, 25 de mayo de 2017

LA CLAVE PARA NO PELEARTE

No enfadarse no es posible, como postulan algunos "eruditos" de la filosofía zen.

La ira es una emoción, como tal es natural, ni buena ni mala, y cumple una función: nos dota de impulso para defendernos de las amenazas del exterior. Sin enfado nos dejaríamos pisotear.

Lo que sí es posible es no dejarte dominar por el enfado. Se deja dominar uno por las emociones cuando la emoción manda sin razón de por medio. Cuando el miedo impide que hagas lo que es favorable para ti, cuando la tristeza te sume en largos y profundos estados de depresión.

No se deja dominar uno por la ira cuando discute. El DRAE define discutir como "contender y alegar razones contra el parecer de alguien". Discutir es exponer dos puntos de vistas o intereses contrapuestos y defenderlos. Pelear sin embargo lo define el DRAE como batallar, y añade en otra acepción "desavenirse, enemistarse, separarse en discordia".

A través de una discusión, se puede llegar a una solución.
A través de una pelea, sólo se llega a la gresca.

Y la gresca lleva al mal humor, a la pérdida de energía y de relaciones que podrían haber sido más largas y satisfactorias.

Motivos hay de sobra para no querer pelearte por tanto, es decir, para no dejarte dominar por la ira. Pero si queremos entender la clave para no pelearte, primero debemos entender la clave de por qué nos peleamos: porque nos tomamos la actitud y/o conducta del otro como algo personal.

"¿Por qué me dice o hace esto a mí? Pero, ¿qué le he hecho yo?"

Convertimos a través de esta transferencia, un problema que tiene el otro y que me afecta a mí, en un problema mío. Y nos enfadamos, ¡porque nadie quiere problemas!

Sin embargo, si cambio la dialéctica interior: "¿Qué le pasa, por qué actúa así, qué le ha llevado a decir aquéllo o hacer esto otro?", hacemos la transferencia correcta: el comportamiento del otro es su problema, él debe solucionarlo, voy a pedírselo pues me afecta a mí.

En definitiva, ponernos en el lugar de la otra persona para tratar de entender por qué hace lo que hace, ¡no para dejar que siga haciendo lo que hace!, sino para pedirle que lo cambie, o discutir con él si se hace necesario, de una manera asertiva y no agresiva.

Si en lugar de pensar que el otro es una persona mala que quiere hacerme daño, trato de encontrar las razones de su actitud o conducta: no sabe lo que hace y el efecto que produce en mí, ha tenido un mal día, tiene un carácter complicado... Me será más fácil no sobre implicarme emocionalmente en la discusión y no llegar a pelearme.

Este diálogo puede servir de ejemplo:

- ¡No eres más tonto porque no entrenas más fuerte!

- ... Me molesta que me digas eso.

- ... ¡Anda ya, no te enfades, si no lo digo para molestarte!

- Ya sé que no lo dices para molestarme sino que no te das cuenta de que me molesta. Por eso te he dicho que me molesta, ¡porque si no lo seguirías haciendo y me seguiría molestando!

Por eso, el fantástico vídeo de "las personas son como camiones de basura" que te dejo aquí abajo, me parece útil pero peligroso si no se interpreta correctamente. Hay veces que ni siquiera es aconsejable pedir un cambio en el otro o enfrentar distintos puntos de vista e intereses, porque nos referimos a personas con las que no vamos a tener un trato continuado, y entonces, para no perder tiempo y energía, se hace más efectivo usar la compasión y dejar pasar.


La empatía es la clave para no pelearte. Que nunca se convierta en la excusa para evitar el conflicto sin agresión.

Un abrazo.

lunes, 15 de mayo de 2017

MUSICOTERAPIA Y PSICOLOGÍA POSITIVA

Muchos son hoy los escépticos a los que les cuesta asumir que la Musicoterapia sea realmente útil, y que la meten en el saco de esa nueva ola de terapias alternativas que ayudan más a quienes las venden que a quienes las compran.

Todo depende también de cómo se vendan: si te dicen que esas terapias te van a sanar completamente y que van a conseguir que el Universo te dé todo lo que le pidas... yo desconfiaría. Si te dicen que te van a ayudar a sentirte bien, es posible que lo hagan. Y si no, lo tienes fácil: no vuelvas.

La verdad es que la Musicoterapia de alternativa tiene poco. Numerosos estudios científicos han demostrado sus efectos positivos sobre la salud en áreas como el Parkison, Alzheimer, esquizofrenia, discapacidad, la Autoestima y el Bienestar Emocional. Pero hay algo que la Musicoterapia tiene en común con las terapias alternativas: no resuelve problemas.

De hecho, ni siquiera la Psicología Científica (la psicología rigurosa y seria que se basa en evidencias empíricas, y dentro de ella se encuentra la Psicología Positiva), resuelve problemas. Ni siquiera el psicólogo más experimentado y que mayor empeño le ponga, resuelve problemas.

Porque tus problemas los resuelves TÚ.
Y no siempre vas a poder resolver todos tus problemas.

Para los escépticos que no creen en terapias alternativas e incluso dudan de la utilidad de la Musicoterapia y la Psicología Positva: tranquilos, no somos la panacea de nada, ni pretendemos serlo. No podemos conseguirte un mejor trabajo o que tu mujer se vuelva a enamorar de ti y por supuesto si supiéramos la combinación del próximo billete de lotería premiado seguramente nos lo reservaríamos para nosotros mismos.

Pero es que NO necesitas no tener problemas para ser feliz. Para ser feliz simplemente necesitas sentirte bien. Y no necesitas sentirte bien siempre, simplemente, cuando te sientas mal, NO CONVERTIRLO EN UN PUTO PROBLEMA.

¿Cuándo fue la última vez que bailaste? ¿Y que cantaste? ¿Y que jugaste?

¿No te sientes bien al hacerlo?

¿Te has preguntado alguna vez por qué... por qué no lo haces más?

¿Porque... tienes muchos problemas?

Ya...

La Psicología Positiva es la Ciencia que estudia qué nos hace felices, para promocionar el sentirse bien como eficaz método de prevención de la enfermedades mentales y emocionales.

Y la música es un recurso poderosísimo en ese binomio de promoción de la salud-prevención de la enfermedad.

Por eso este viernes 19 de Mayo por la tarde, junto a Maca Martínez, musicoterapeuta, estaremos haciendo el Taller de Musicoterapia y Psicología Positiva. Una experiencia para conocerte mejor y regular de manera más eficaz tus pensamientos y emociones.

Una cita para bailar, para cantar, para jugar...

¿Sabes? Ayer fuí a ver un musical, Chicago, una representación que hizo una agrupación de jóvenes intérpretes salidos de la Escuela de Arte Dramático de Málaga. Me encantó. Me lo pasé genial. Me abstraí... No. Me facilitaron el estar presente en el aquí y ahora. Gracias a que me olvidé de mis problemas.

Ese musical no solucionó mis problemas. Pero acordarme de ellos tampoco lo hubiera hecho. Acordarme de ellos no me habría servido para sentirme mejor.

Los problemas se resuelven afrontándolos, en el momento en el que hay que hacerlos. La vida se disfruta bailando, toda la vida.

¡Y todo es Jazz!