lunes, 26 de junio de 2017

¿TENGO UN PROBLEMA POR SENTIRME FELIZ ESTANDO SOLA?

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: ¿Tengo un problema por sentirme feliz estando sola? Un caso real que nos muestra como la presión social puede engrandecer y demonizar algo tan natural como es la soledad y que además tiene múltiples ventajas.

CONSULTA

Soy una chica de casi 30 años, con pareja, una familia genial y con unas relaciones sociales demasiado satisfactorias. En este "demasiado" me quiero centrar. No me interesan mucho los grupos, ni tener a gente siempre ahí. Son muchas las personas que me dicen que por qué estoy sola, que salga, que me relacione, y mi carácter dubitativo me hace pensar que tengo algún problema. Pero es que la mayor parte de las veces que estoy con gente con mucha frecuencia siento que pierdo el tiempo. Trabajo en algo que me encanta, pero gasto muchas horas en ello, y el tiempo que me queda me gusta aprovecharlo para pintar, escribir, pasear y fotografiar, escribir, ver pelis o... mirar al cielo yo sola pensando en lo maravilloso que es el mundo. El caso es que no entienden que prefiera esto, y esa incomprensión me hace pensar que tengo un problema por sentirme tan feliz sola y entonces me fuerzo a estar con otros. ¿Qué pasa con los que somos solitarios porque queremos, sin tener ningún problema de relaciones sociales más allá de que no nos gustan los grandes grupos?

RESPUESTA

Nada. No pasa absolutamente nada. Así, radical. Deja de pensar que pasa algo porque no pasa absolutamente nada. Eduardo Punset dice en su libro El viaje a la felicidad: "No es tan importante lo que hay que aprender, como todo lo que tendríamos que desaprender". Hemos aprendido multitud de creencias irracionales que provocan pensamientos sesgados y hábitos disfuncionales. A lo mejor las personas que te "obligan" a salir y relacionarte más han mal aprendido que para divertirse necesariamente hay que hacerlo acompañado.
Lo importante es que tú te sientas bien. La vía para sentirte bien la eliges tú y mientras cumpla su fin y no sea algo que haga daño a otras personas o a ti misma, bienvenida sea. Forzarte a hacer algo, sólo porque lo hagan los demás, es muy posible que no te haga sentir. bien Las costumbres, las convenciones sociales, las modas... actúan como fuerzas psicológicas que nos presionan a ir en manada, aunque no nos gusten ni el rebaño ni el camino. Esto crea tensión psicológica y conflictos internos totalmente innecesarios.

Está demostrado que la soledad no es necesariamente "mala": potencia momentos de reflexión, de cambio, o de creatividad como en tu caso. También numerosos estudios nos dicen que las relaciones sociales significativas son unas de las principales fuentes de bienestar para las personas. Pero querer estar sola a veces para disfrutar de la soledad no es lo mismo que estar sola o sentirse sola. Disfruta de tu soledad, sin culpa, sin remordimiento, y siéntete libre cuando lo hagas. Un abrazo.

miércoles, 21 de junio de 2017

EL EGO SOBREPROTECTOR

El Ego es la consciencia de uno mismo.

Entonces, nos solemos referir al Ego como un ente propio, ya que yo no soy sólo yo, no soy sólo lo que hago, lo que digo, lo que siento o lo que pienso, también soy lo que pienso que hago, lo que pienso que digo, lo que pienso que siento e incluso lo que pienso que pienso.

Toma ya... Pues no acaba ahí la cosa, porque el Ego es además la consciencia de uno mismo en el mundo, ya que no somos seres aislados, sino que vivimos en constante interrelación con nuestro entorno. El Ego es también por tanto lo que pienso que hacen, lo que pienso que dicen, lo que pienso que sienten y lo que pienso que piensan, respecto a mí.

Ole. Pero tampoco acaba aquí la cosa. Porque yo no soy sólo mi Ego, aunque pueda parecerme que yo soy sólo mi Ego. En realidad: Yo soy más que lo que pienso que hago, digo, siento y pienso, y más que lo que pienso que mi entorno hace, dice, siente y piensa respecto a mí, ya que también soy lo que hago, digo, siento y pienso en constante interrelación con mi entorno. 

Sin embargo, lo que creo que es más importante (o quizá lo que creo que cree mi Ego que yo creo que es más importante... mejor dejémoslo) es que nos demos cuenta de que: existe una relación entre la consciencia de mí mismo y mi mí mismo. Es decir, entre mi Ego y Yo. Y esa relación, al igual que la relación con un familiar, un amigo, una pareja, un compi del trabajo y etcétera, también es susceptible de ser tóxica.

Lo explicaré con una pequeña metáfora: la del jarrón milenario.

Imagina que tienes un jarrón en tu casa, y que es precioso. Es tan bonito que cada vez que pasas por su lado, abrumado por su hermosura, te levanta el ánimo, te hace sentir bien. Quieres ese jarrón, lo amas.

Pero un día llega a ti una asombrosa revelación: resulta que ese jarrón que hay en tu casa, es un jarrón milenario, de un valor imposible de calcular. El jarrón ya no sólo es hermoso, ahora es importante. Y desde que sabes esto, lógicamente, te vuelves muy cuidadoso y precavido con el jarrón: ya no limpias la zona en la que se encuentra temeroso de cometer una torpeza y que se rompa, tampoco te provoca la alegría que sentías antes la visión del jarrón porque ahora ni te atreves a pasar por su lado por miedo a tropezar y derribarlo, ni siquiera invitas a amigos a tu casa, desconfiando de que alguno sepa de la valía del jarrón y decida robártelo, ¡e incluso no consigues dormir por las noches debido a este motivo!

Sin darte cuenta de cómo, el jarrón se ha ido convirtiendo en la causa de multitud de desdichas. Y es que, en realidad, el jarrón ya era valioso antes de que supieras que era milenario. Ni siquiera hacía falta que supieras de esta cualidad para considerarlo de un valor incalculable: el jarrón era hermoso, el jarrón te hacía sentir bien. Amabas el jarrón, y no hacía falta que fuera un jarrón importante, para amarle.

Cuando la consciencia de nosotros mismos en el mundo nos otorga demasiada importancia en él, aparecen el celo, la inseguridad, la desconfianza. No es que no haya amor, pero no fluye, porque lo que fluye es el miedo, y ese miedo bloquea el amor. El Ego está orientado a la protección y tan enfocado en ella, debido al peso y relevancia que nos da, que finalmente se convierte en sobreprotección.

Cuando me quiero, sin condiciones, porque no necesito ser milenario, no necesito ser importante, no necesito que no me rompan, simplemente me quiero, independientemente de lo que piense que haya hecho, dicho, sentido o pensado, y por supuesto, totalmente independiente a lo que piense que otros hagan, digan, sientan o piensen de mí, entonces, fluye el amor.

El miedo empuja la sobreprotección, que sólo lleva a más miedo.

Y lo que empuja el amor, es el amor.

Un abrazo.

Y:


Date el suficiente valor
como para que te dé igual que te rompas.
Porque cuando eso pase, será el valor que te das,
lo que recomponga tus piezas.

jueves, 15 de junio de 2017

REALMENTE: ¿QUEREMOS SER FELICES?

En mi trabajo como psicólogo me he dado cuenta de que la mayoría de las personas no queremos ser felices.

Y no hablo de esas personas que se odian o menosprecian a sí mismas hasta el punto de que no se consideran merecedores de sentir felicidad y por tanto se autosabotean constantemente. Esas personas no son la mayoría, y ése es otro problema a tratar, y que debe ser abordado en psicoterapia.

No, de lo que yo hablo es que la mayoría de las personas no queremos ser felices porque lo que queremos es que nos pasen cosas buenas para ser felices.

Condicionamos por tanto un estado interno a factores externos: eventos, resultados, cosas que tengo u obtengo.

Y hasta cierto punto ha de ser así. Hasta cierto punto... Es decir: es antinatura forzarme a sentirme bien cuando me ha pasado un evento negativo, he perdido algo o no he obtenido lo que quería.

El problema aparece cuando valoro mi vida o me valoro a mí mismo exclusivamente en función de lo que me pasa, lo que consigo o lo que tengo.

Ése es un problema muy chungo. Casi tanto, ahora que caigo, como el de pensarse no merecedor de felicidad.

Porque si pienso: "Para ser feliz han de pasarme cosas buenas o conseguir lo que quiero o tener muchas cosas", fácilmente llegaré a la conclusión de que: "Me pasa algo malo o no consigo lo que quiero o no tengo muchas cosas... no merezco ser feliz".

Ridículo.

La adversidad, el fracaso, la pérdida y la carencia forman parte de la vida, y si quieres ser feliz, tienes que vivir la vida, tal como es, aceptándola, con sus sombras y sus luces, y así también has de aceptarte a ti mismo.

La felicidad podemos entenderla como una emoción, como un estado de ánimo, como bienestar. No es una meta, no es un estado permanente, es transitoria.

Pero sí es cierto que cuando nos pensamos a nosotros mismos y valoramos nuestra sensación de bienestar global, podemos preguntarnos: "¿Soy feliz, tengo una buena vida, tengo la vida que quiero tener?" Y entonces me puedo contestar: "No, porque sufro; no porque no consigo ciertas cosas o no tengo muchas otras".

Da igual. En serio, da igual. DA IGUAL.

Sufre. Y sé feliz.

Fracasa. Y sé feliz.

Pierde. Y sé feliz.

Ten poco, pero ten felicidad.

No eres peor persona, ni más desgraciado, ni más infeliz por que te pasen o te dejen de pasar cosas malas o buenas. La felicidad no va de las cosas. La felicidad va de lo que haces, con las cosas. Un abrazo.

miércoles, 7 de junio de 2017

EL SÍNDROME DE LOS BICHOS RAROS

Una autoestima sana es el pilar base para una vida feliz.

Entendiendo vida feliz como bienestar, que desde luego no implica estar siempre bien.

Pero difícilmente vamos a sentirnos bien en algún momento, si no nos sentimos bien con nosotros mismos.

Por eso las consultas de psicólogos se llenan de personas con problemas de ansiedad y depresión, y por muy distinto que sea el origen, la mayoría presenta un denominador común: falta de autoestima.

Cuando un psicólogo detecta esta falta de amor propio, una de las acciones más comunes, y que se fomenta mucho desde la Psicología Positiva, es la de promover el autoconocimiento en el sujeto, para que su autoconcepto, que seguramente estará sesgado por distorsión, cambie, y se aproxime a una definición más exacta y justa de la realidad. 

Además, se persigue sobre todo que la persona conozca cuáles son sus fortalezas personales, sus virtudes, sus recursos, lo que tiene de bueno, lo que se le da bien, ya que ese feed back positivo mejorará su autoimagen al tiempo que le dota de autoconfianza para afrontar sus retos de vida.

Todo esto es bueno. Todo esto hay que hacerlo. Todo esto sirve.

Sin embargo... me he dado cuenta de una cosa. Mis años de experiencia profesional como psicólogo me han aportado una especie de revelación con una utilidad profundamente personal y que ahora quiero compartir contigo. Y es la siguiente:

La mayoría de las personas con déficit de autoestima,
no se piensan con una carencia de fortalezas,
sino que no les dan valor porque creen que sus defectos
les hacen especialmente inferiores.

Estas personas, nosotros, ¡yo!, nos creemos como bichos raros. Si tenemos miedo, nos pensamos los más cobardes del mundo. Si fracasamos, interiorizamos el fracaso como algo que forma parte de nosotros. Si nos hacen daño llegamos a la conclusión de que es lo normal, si sobreviene la adversidad que es lo que me toca.

Es tan grave hacer este tipo de interpretaciones.

Porque no es verdad. Pero atrapados por esa maldición de inferioridad que nos hemos autoatribuido, llegaremos a la conclusión de que mis limitaciones, mis fallos, mis desgracias, es lo que me merezco, porque no soy lo suficientemente bueno.

Es difícil liberarse de esa maldición de pensarte peor que el resto, es muy difícil. Sobre todo hacerlo uno solo. Por eso te pido que, si conoces a alguien que sospechas está bajo el dominio de esa maldición, le digas: "yo también".

Yo también he tenido miedo.

Yo también he fracasado.

Yo también me he sentido incapaz.

Yo también he estado en la mierda.

A mí también me han hecho daño.

A mí también me han rechazado.

Yo también he sido un "bicho raro".

El autoconocimiento y descubrimiento de las fortalezas personales es muy importante para tener una buena valoración de uno mismo. La aceptación de nuestra vulnerabilidad, es imprescindible.

¡Y que vivan los bichos raros! Un abrazo.

Recordatorio: este sábado 10 de junio por la mañana hago Taller de Autoestima: ¡Soy imperfecto y me alegro! en el Centro de Málaga. ¡Te espero! 

jueves, 1 de junio de 2017

ANSIEDAD ANTE LOS CAMBIOS

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: Ansiedad ante los cambios. ¿Quién no la ha sufrido? A través del siguiente caso real  te propongo algunas claves para superarla.

CONSULTA

Hace cuatro meses me mudé de ciudad esperando cambiar mi vida. Tengo 28 años y decidí estudiar una nueva carrera, si bien estoy contenta con mi elección, siento mucho miedo de no poder estar a la altura, además de muchísima inseguridad al momento de buscar trabajo (ya que mis padres me ayudan económicamente ahora). Tengo episodios donde mi autoestima está por los suelos y no soy capaz de cumplir con los objetivos que me gustaría alcanzar, es una especie de auto sabotaje que no me deja vivir.

RESPUESTA

El autosabotaje del que hablas se puede dar de diversas maneras. Una a través del pensamiento anticipatorio: anticipar lo malo cuando no tenemos evidencias ciertas de que vaya a ocurrir. “No voy a estar a la altura, no voy a encontrar trabajo…”. Puede provocar el efecto de la profecía autocumplida: si pienso que mis posibilidades de encontrar trabajo son mínimas, no me esforzaré mucho por encontrarlo y… finalmente, no encontraré trabajo.

Este pesimismo boicoteador se contrarresta con una actitud optimista. Se ha demostrado que el optimismo actúa como una fuerza que nos acerca a los objetivos porque se produce un ajuste entre las expectativas y el esfuerzo. Pero optimismo no es pensar que las cosas me saldrán bien porque el universo se va a alinear a favor mía. Es enfrentarte a los retos siendo consciente de que tienes los recursos personales necesarios para superarlos. Por eso nuestra autoconfianza y, asociada a ésta, nuestra autoestima, es decir, la valoración que hacemos de nosotros mismo, influye directamente sobre nuestra capacidad para ser optimistas.

¿Conoces cuáles son tus recursos personales, tus fortalezas y virtudes? Un ejercicio que te puede ayudar en este autoconocimiento es hacer una lista de tus logros: las cosas que has conseguido, que has superado, que has aprendido… o incluso aquellas veces en las que fracasaste pero te sientes orgullosa por haberlo intentado. En la sociedad actual se tiende a sobrevalorar el fracaso, pero la verdad es que cada fracaso es una lección de aprendizaje que nos ayuda a mejorar. El fracaso es imprescindible para el crecimiento. 

Por último, ajusta tus objetivos a tus capacidades, es decir: proponte metas que sean realistas, claras y concretas. Y date tiempo para alcanzarlas, y margen para equivocarte y rectificar sobre la marcha. Ánimo, un abrazo.

jueves, 25 de mayo de 2017

LA CLAVE PARA NO PELEARTE

No enfadarse no es posible, como postulan algunos "eruditos" de la filosofía zen.

La ira es una emoción, como tal es natural, ni buena ni mala, y cumple una función: nos dota de impulso para defendernos de las amenazas del exterior. Sin enfado nos dejaríamos pisotear.

Lo que sí es posible es no dejarte dominar por el enfado. Se deja dominar uno por las emociones cuando la emoción manda sin razón de por medio. Cuando el miedo impide que hagas lo que es favorable para ti, cuando la tristeza te sume en largos y profundos estados de depresión.

No se deja dominar uno por la ira cuando discute. El DRAE define discutir como "contender y alegar razones contra el parecer de alguien". Discutir es exponer dos puntos de vistas o intereses contrapuestos y defenderlos. Pelear sin embargo lo define el DRAE como batallar, y añade en otra acepción "desavenirse, enemistarse, separarse en discordia".

A través de una discusión, se puede llegar a una solución.
A través de una pelea, sólo se llega a la gresca.

Y la gresca lleva al mal humor, a la pérdida de energía y de relaciones que podrían haber sido más largas y satisfactorias.

Motivos hay de sobra para no querer pelearte por tanto, es decir, para no dejarte dominar por la ira. Pero si queremos entender la clave para no pelearte, primero debemos entender la clave de por qué nos peleamos: porque nos tomamos la actitud y/o conducta del otro como algo personal.

"¿Por qué me dice o hace esto a mí? Pero, ¿qué le he hecho yo?"

Convertimos a través de esta transferencia, un problema que tiene el otro y que me afecta a mí, en un problema mío. Y nos enfadamos, ¡porque nadie quiere problemas!

Sin embargo, si cambio la dialéctica interior: "¿Qué le pasa, por qué actúa así, qué le ha llevado a decir aquéllo o hacer esto otro?", hacemos la transferencia correcta: el comportamiento del otro es su problema, él debe solucionarlo, voy a pedírselo pues me afecta a mí.

En definitiva, ponernos en el lugar de la otra persona para tratar de entender por qué hace lo que hace, ¡no para dejar que siga haciendo lo que hace!, sino para pedirle que lo cambie, o discutir con él si se hace necesario, de una manera asertiva y no agresiva.

Si en lugar de pensar que el otro es una persona mala que quiere hacerme daño, trato de encontrar las razones de su actitud o conducta: no sabe lo que hace y el efecto que produce en mí, ha tenido un mal día, tiene un carácter complicado... Me será más fácil no sobre implicarme emocionalmente en la discusión y no llegar a pelearme.

Este diálogo puede servir de ejemplo:

- ¡No eres más tonto porque no entrenas más fuerte!

- ... Me molesta que me digas eso.

- ... ¡Anda ya, no te enfades, si no lo digo para molestarte!

- Ya sé que no lo dices para molestarme sino que no te das cuenta de que me molesta. Por eso te he dicho que me molesta, ¡porque si no lo seguirías haciendo y me seguiría molestando!

Por eso, el fantástico vídeo de "las personas son como camiones de basura" que te dejo aquí abajo, me parece útil pero peligroso si no se interpreta correctamente. Hay veces que ni siquiera es aconsejable pedir un cambio en el otro o enfrentar distintos puntos de vista e intereses, porque nos referimos a personas con las que no vamos a tener un trato continuado, y entonces, para no perder tiempo y energía, se hace más efectivo usar la compasión y dejar pasar.


La empatía es la clave para no pelearte. Que nunca se convierta en la excusa para evitar el conflicto sin agresión.

Un abrazo.

lunes, 15 de mayo de 2017

MUSICOTERAPIA Y PSICOLOGÍA POSITIVA

Muchos son hoy los escépticos a los que les cuesta asumir que la Musicoterapia sea realmente útil, y que la meten en el saco de esa nueva ola de terapias alternativas que ayudan más a quienes las venden que a quienes las compran.

Todo depende también de cómo se vendan: si te dicen que esas terapias te van a sanar completamente y que van a conseguir que el Universo te dé todo lo que le pidas... yo desconfiaría. Si te dicen que te van a ayudar a sentirte bien, es posible que lo hagan. Y si no, lo tienes fácil: no vuelvas.

La verdad es que la Musicoterapia de alternativa tiene poco. Numerosos estudios científicos han demostrado sus efectos positivos sobre la salud en áreas como el Parkison, Alzheimer, esquizofrenia, discapacidad, la Autoestima y el Bienestar Emocional. Pero hay algo que la Musicoterapia tiene en común con las terapias alternativas: no resuelve problemas.

De hecho, ni siquiera la Psicología Científica (la psicología rigurosa y seria que se basa en evidencias empíricas, y dentro de ella se encuentra la Psicología Positiva), resuelve problemas. Ni siquiera el psicólogo más experimentado y que mayor empeño le ponga, resuelve problemas.

Porque tus problemas los resuelves TÚ.
Y no siempre vas a poder resolver todos tus problemas.

Para los escépticos que no creen en terapias alternativas e incluso dudan de la utilidad de la Musicoterapia y la Psicología Positva: tranquilos, no somos la panacea de nada, ni pretendemos serlo. No podemos conseguirte un mejor trabajo o que tu mujer se vuelva a enamorar de ti y por supuesto si supiéramos la combinación del próximo billete de lotería premiado seguramente nos lo reservaríamos para nosotros mismos.

Pero es que NO necesitas no tener problemas para ser feliz. Para ser feliz simplemente necesitas sentirte bien. Y no necesitas sentirte bien siempre, simplemente, cuando te sientas mal, NO CONVERTIRLO EN UN PUTO PROBLEMA.

¿Cuándo fue la última vez que bailaste? ¿Y que cantaste? ¿Y que jugaste?

¿No te sientes bien al hacerlo?

¿Te has preguntado alguna vez por qué... por qué no lo haces más?

¿Porque... tienes muchos problemas?

Ya...

La Psicología Positiva es la Ciencia que estudia qué nos hace felices, para promocionar el sentirse bien como eficaz método de prevención de la enfermedades mentales y emocionales.

Y la música es un recurso poderosísimo en ese binomio de promoción de la salud-prevención de la enfermedad.

Por eso este viernes 19 de Mayo por la tarde, junto a Maca Martínez, musicoterapeuta, estaremos haciendo el Taller de Musicoterapia y Psicología Positiva. Una experiencia para conocerte mejor y regular de manera más eficaz tus pensamientos y emociones.

Una cita para bailar, para cantar, para jugar...

¿Sabes? Ayer fuí a ver un musical, Chicago, una representación que hizo una agrupación de jóvenes intérpretes salidos de la Escuela de Arte Dramático de Málaga. Me encantó. Me lo pasé genial. Me abstraí... No. Me facilitaron el estar presente en el aquí y ahora. Gracias a que me olvidé de mis problemas.

Ese musical no solucionó mis problemas. Pero acordarme de ellos tampoco lo hubiera hecho. Acordarme de ellos no me habría servido para sentirme mejor.

Los problemas se resuelven afrontándolos, en el momento en el que hay que hacerlos. La vida se disfruta bailando, toda la vida.

¡Y todo es Jazz! 

miércoles, 10 de mayo de 2017

FUERZA DE VOLUNTAD: CÓMO GENERARLA Y MANTENERLA

¿Qué es lo más importante que hay que tener para hacer algo?

Hace poco vi un vídeo que me contestó a esta pregunta:



Lo más importante para hacer algo es querer hacer algo. Lo más importante para hacer algo es la fuerza de voluntad ("voluntad" procede del latín "voluntas-atis" que significa "querer"). Para hacer algo que es poco accesible de hacer, bien porque no sé y he de poner entonces en marcha un mecanismo de aprendizaje (aprender a tocar la guitarra), bien porque no me es accesible, y tengo que poner en marcha un mecanismo de acciones dirigidas a tener acceso a eso que quiero hacer (acciones encaminadas a encontrar trabajo, por ejemplo). Ciertamente, estar tirado en el sofá viendo un partido mientras con una mano me bebo una cerveza y con la otra me rasco los genitales puede considerarse "hacer algo", pero no necesita de mucha fuerza de voluntad (quizá de un poco para ir al súper a comprar la cerveza, pero no más).

Por tanto, lo primero que necesitaré para generar mi fuerza de voluntad, es querer hacer algo y, para ello, necesitaré saber qué quiero hacer, es decir, necesitaré saber qué me gusta hacer, qué actividades me provocan emociones positivas como orgullo, satisfacción o plenitud. Qué me empuja, qué me motiva, que me atrae a dejar el sofá (y el rascamiento de "genis") y perseguir eso que quiero hacer.

Lo segundo será saber si ese algo que quiero hacer, lo puedo hacer. Si tengo las habilidades y conocimientos necesarios o los puedo conseguir. Si no tengo brazos, es posible que pueda usar mis pies para tocar la guitarra, pero deberé tener oído también, conocimiento musical, cultura de la música... o bien desarrollar esas aptitudes. En definitiva, se trata de hacer un ajuste entre tu capacidad y la dificultad de la tarea, entre lo que puedes dar y lo que se te exige para darlo, y para ello el autoconocimiento es fundamental, conocer tus fortalezas y debilidades es lo que te permitirá plantearte una meta realista.

Lo tercero, olvidarte de la meta. Si quieres sacarle provecho a tu fuerza de voluntad y mantenerla de una forma constante, por el momento, olvídate de la meta. Porque la fuerza de voluntad es querer hacer algo, no querer conseguir algo. El fin de la fuerza de voluntad no es que toques como Jimi Hendrix sino aprender a tocar la guitarra, no es vender bestsellers sino escribir un libro, no es tener trabajo, es buscar trabajo. Por tanto, si quieres que tu fuerza de voluntad te empuje, si quieres que sirva, sustituye enseguida objetivos de resultados por objetivos de rendimiento: "mi objetivo es ponerme, hacerlo, cada día, dar lo mejor de mí, lo mejor que pueda. Mi objetivo no es perder 4 kilos en un mes, mi objetivo es hacer dieta y entrenar hoy, mi objetivo no es dejar de fumar, mi objetivo es terminar el día de hoy sin fumar un cigarrillo".

Y cuarto y último, recuerda la meta. Sí, sé que es contradictorio con lo anterior, pero es que dependiendo del momento en el que te encuentres, seguramente necesitarás recordarte a ti mismo por qué estás haciendo lo que estás haciendo. Y esto pasará porque aprender a tocar la guitarra no es divertido, lo divertido es tocarla y ver la cara que ponen los chicos. Lo divertido no es hacer dieta sino tener un cuerpo sanote y ver la cara que ponen las chicas. Para aprender o para llegar a lo que se quiere hacer hay que pasar por un proceso que puede ser lento, aburrido, frustrante... pero que con paciencia y dedicación se sobrelleva bien. Sin embargo, tu Ego o Autoconsciencia (identificación con tu mente) que siempre es tan alterable, tan susceptible, tan temeroso, al ver que te estás esforzando, interpretará ese esfuerzo como dolor, y dada su naturaleza hedónica y sobreprotectora, empezará a lanzarte mensajes de autoboicot para que abandones ese dolor: pensamientos negativos ("no puedes, no vales..."), excusas ("no merece la pena, realmente no quieres hacerlo, no es lo tuyo..."), distracciones ("¿no estarías mejor en el sofá viendo el partido y tomándote una cervecita?"). Y entonces, entonces sí, conviene recordarle a tu maldito "Ego-Mente", por qué narices estás haciendo lo que estás haciendo.

PORQUE QUIERES HACER ALGO

El lema de mi Gabinete Psicológico es "La felicidad no es lo que te pasa. Es lo que haces".

Que hagáis muchas cosas bonitas. Un abrazo. 

jueves, 4 de mayo de 2017

FILOFOBIA: MIEDO AL COMPROMISO

El miedo es una emoción y por tanto es normal, natural, cumple una función básica para la supervivencia del individuo, protegernos de las amenazas.

El problema es que nuestro cerebro ha evolucionado muy poco desde el hombre de las cavernas, y su sistema de alarma es muy delicado: se despierta ante cualquier amenaza, aunque ésta no sea real.

Así, el miedo nos impulsaba a salir corriendo cuando veíamos animales salvajes al acecho, y eso era bueno. Hoy... salir corriendo ante la aparición sobrevenida de un anillo de compromiso o el mismo día de tu boda, puede no ser bueno. O sí, en algunos casos puede ser buenísimo. Pero para seguir el artículo te voy a pedir que pensemos sólo en los casos en los que no es bueno, es decir, aquellos casos en los que la amenaza no es real, sino inventada.

El miedo al compromiso tiene un nombre, filofobia (miedo al amor o miedo a enamorarse). Y para entender este miedo es necesario conocer sus distintas etiologías, ya que detectar las causas nos ayudará a orientar la búsqueda de soluciones:
  • Filofobia por miedo al cambio. Es una de las más comunes, sino la que más. La persona es consciente de las ganancias que obtiene al compartir su vida con alguien a quien atrae y por quien siente atracción, pero el miedo a las pérdidas le puede más. Focaliza su atención en todo lo que puede perder si inicia una relación seria: tiempo con los amigos, rutinas, espacio personal... Suele sucederle a personas con mentalidad muy rígida, poca adaptabilidad a los cambios y mucha resistencia a salir de su zona de confort. Se combate aceptando que todo proceso de cambio conlleva un periodo de adaptación que sí puede implicar unas pérdidas en pos de unos beneficios, pero que no tiene por qué perderse todo, ya que está demostrado que las parejas que mejor funcionan son aquellas que cuidan tanto su espacio compartido como su espacio personal. Por otro lado, tratar de poner el foco de atención en lo que se gana, más que en lo que se puede perder, servirá sin lugar a dudas como acicate.
  • Filofobia por miedo a mostrarme. Es también bastante común. Si me mantengo toda la vida en relaciones superficiales, mostraré sólo mi cara más trivial. A medida que una relación avanza, la otra persona va mostrando intentos por profundizar más en el conocimiento que tiene de nosotros, y comienza el "peligro" de que queden expuestos nuestros sentimientos, nuestros defectos y limitaciones, nuestros miedos... Aquéllo que nos hemos esforzado tanto siempre por ocultar. Suele sucederle por tanto a personas inseguras, que no se aceptan, y que tienen un pobre o deficiente autoconcepto. Habría que trabajar ahí: en la autoconfianza y autoestima de la persona, ayudarle a conocer sus fortalezas personales y reconocer sus sombras sin sobredimensionarlas. Aceptar su vulnerabilidad: todos somos imperfectos, todos tenemos defectos y una colección de fracasos a nuestras espaldas, y no por ello dejamos de ser dignos de amor y pertenencia. Hay que acabar con la obsesión por el perfeccionismo.
  • Filofobia por miedo al pasado. Si he tenido relaciones tormentosas o me han hecho mucho daño, puede que tienda a evitar que eso se repita. Además, mi autoconcepto también es posible que se vea sesgado, ya que puedo llegar a la conclusión errónea de que "yo no valgo para esto, esto no se me da bien, no es lo mío..." Quizá tenga una buena valoración de mí mismo en otras áreas, y sin embargo en la del amor, estoy limitándome por experiencias pasadas. Solución: del pasado se aprende, gracias a él nos volvemos más listos y más fuertes, que no más insensibles, sino con más capacidad de afrontar retos y superar adversidades. Además, las relaciones normalmente no van mal o se rompen por culpa sólo de una persona, las responsabilidades son compartidas, y cada nueva relación puede ser completamente distinta que la anterior. El pasado no crea nada más que aprendizajes buenos o aprendizajes malos. Las relaciones las construyen las personas desde el aquí y ahora.
  • Filofobia por miedo a que no se cumplan nuestras expectativas. Este miedo proviene directamente de la idealización del amor y está relacionado con el miedo a la pérdida que observamos antes: la persona piensa "comprometerse es algo muy serio, porque si lo hago con esta persona que estoy conociendo... ¡pierdo la oportunidad de conocer a otra persona mejor!" En realidad, la expectativa en este caso, o lo que le da miedo, no es perder la posibilidad de conocer a alguien mejor, sino perder a su media naranja, a la persona perfecta que le complemente en todo y que sea su pareja ideal... Y eso no existe. Estas personas tienden a ver los defectos o carencias, le prestan más atención a lo que no es el otro o a lo que no tiene, pero cuando encuentren a alguien que sí lo sea o lo tenga, entonces aparecerán otros defectos o carencias. El trabajo pasa pues por deshacerse de esa creencia irracional de que alguien en esta vida es perfecto para nosotros, aceptar a la otra persona con lo bueno y lo malo y focalizar sobre lo positivo, y tratar de construir entre ambos una relación que, lejos de ser perfecta, al menos sea bonita.
  • Filofobia por miedo al sexo. La amaxofobia es lo que se conoce como miedo al sexo y también tiene una multicausa. Está claramente asociada a la filofobia porque si tengo miedo a emprender relaciones íntimas, evitaré profundizar en una relación. Puede estar provocada por problemas de autoestima que nos impiden alcanzar ese grado de intimidad con la otra persona (por ejemplo: miedo a que me vea desnudo/a), por autoexigencias excesivas respecto al rendimiento sexual, por alcanzar cada vez una mayor involucración emocional en relaciones que siempre habían sido superficiales, o por el miedo a la aparición de la rutina. Posibles soluciones, por tanto: de nuevo valorarse a uno mismo de una manera más justa y realista, desvalidar creencias irracionales respecto al sexo, superar el miedo a mostrar tus emociones a la otra persona (esto se logra afrontando ese miedo: siendo capaz de hablar de tus emociones y expresarlas), y gestionar esa posible aparición del tedio en el sexo con juegos, cambios e imaginación.

A pesar de lo (no me lo podréis negar) completito de este artículo, es muy importante que entendáis que si el miedo al compromiso ha llegado a un nivel que interfiere en la capacidad de la persona de ser capaz de mantener relaciones estables a lo largo de su vida, deseándolo esta persona y por tanto provocándole una honda frustración el no poder hacerlo, se hace necesaria la intervención de un psicólogo que le ayude a manejar su propio autoconcepto, sus pensamientos y emociones.

Y es que todo lo anterior demuestra que la Filofobia es claramente superable, pero la ayuda es imprescindible

Después de todo, ¿quién no la necesita de vez en cuando? Un abrazo.      

miércoles, 26 de abril de 2017

AUTOEXIGENCIA EXCESIVA Y BAJA AUTOCONFIANZA


Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: La relación entre la autoexigencia excesiva y la baja autoconfianza. Un caso que nos muestra cómo mientras más irreales son las expectativas que vuelco sobre mí mismo, menor es la seguridad que tengo en mis propios recursos personales.
CONSULTA

Tengo 27 años y desde hace unos 5 estoy perdiendo casi todas mis amistades y me es muy difícil relacionarme. Con mis parejas siempre tuve discusiones y problemas de celos, siempre me vi insuficiente. Al mantener una conversación siempre estoy atenta de lo que digo y dicen los demás, siempre pienso en si me aburro o se aburren, en que no sé de qué hablar, y esto me bloquea totalmente. Además tuve problemas con amigas y me cuesta mucho volver a confiar. Salgo con un chico desde hace un año y no avanzamos, sólo sexo, lo que he tomado como una vía de escape; él sí ha intentando que hagamos más cosas. No sé qué hacer, he acudido a varios psicólogos y no han sabido cómo ayudarme, he probado con medicación pero tampoco me ha sido útil. Sé que soy yo quien tiene que cambiar pero no sé cómo y cada vez tengo menos fuerza de voluntad al no ver resultados.

RESPUESTA

La base de los celos se encuentra en la desconfianza. Pero esa desconfianza no se dirige exclusivamente hacia el otro, lo más común es que la causa principal de los celos sea una falta de confianza en uno mismo. Como te ocurre a ti: "siempre me vi insuficiente". Esa percepción de ti misma influye en tu seguridad y por ende en tus relaciones sociales, ya que tratarás de encontrar evidencias continuas en los demás de que resultas una persona atractiva socialmente, pues no estás nada segura de ello. Esa inseguridad se transmite, y puede ser generadora de conflictos, lo que acaba provocando rechazo social. Es decir, la famosa profecía autocumplida: al final somos nosotros mismos quienes provocamos el mal que temíamos.
Por otra parte, cómo no vas a tener déficit de autoconfianza si también tienes una autoexigencia excesiva: "siempre estoy atenta a lo que digo, a si se aburren, a que no sé de qué hablar...". Ambos rasgos, baja autoconfianza y autoexigencia excesiva, suelen ir de la mano, porque si te marcas unas expectativas demasiado altas sobre ti misma, nunca vas a llegar a ser lo que quieres, siempre vas a quedarte por debajo, y te vas a sentir inferior. Pero no porque seas inferior a los demás, eres inferior a la idea que te has creado sobre lo que tienes que ser tú, pero porque esa idea es demasiado exigente.
Solución: baja tus expectativas, permítete el error y el hecho de que no le puedes caer bien a todo el mundo. También examina cuáles son tus virtudes y fortalezas, y qué aspectos de ti misma necesitas mejorar, es decir: conócete, para hacer así una valoración más justa de ti misma. Quizá sea eso lo que falle con tu actual pareja: temes avanzar porque eso implicaría que te conociera mejor y descubriera aquellos rasgos de ti que menos te gusta enseñar ya que... revelan que no eres perfecta. Pero es que no lo eres. Y puedes estar tranquila, que él tampoco. Suerte, un abrazo.

jueves, 20 de abril de 2017

EL LADO ATRACTIVO DE LA DEPRESIÓN

Hay veces que la vida nos estresa tanto.


Nos estresa el trabajo, nos estresan las responsabilidades, nos estresa nuestra pareja, nuestros padres, nuestros hijos...

Y como la ansiedad nos asusta tanto, como aparece ese miedo al miedo tan característico y agobiante, decidimos escondernos, refugiarnos. Y muy frecuentemente lo hacemos bajo la sombra de la depresión.

Los trastornos de ansiedad y los de depresión presentan una alta comorbilidad, es decir: cuando se da uno, sucede también el otro.

Y es que la depresión tiene una parte muy atractiva: si te deprimes no tienes que hacer nada, sólo quedarte en casa, estás deprimido. Si te deprimes no tienes ni que ocuparte de ti mismo, los demás lo harán por ti, ¿o acaso no ven que estás deprimido?

Son muchos los que, antes de afrontar los estímulos que generan su ansiedad, deciden acoplarse en la zona de confort que te aporta la depresión, en la que no tienes que hacer nada. Por no hacer, no tienes ni que ser feliz.

Por eso es tan difícil sacar a ciertas personas de esa zona de seguridad, porque lo primero que piensan es: "¿merece la pena?" ¿Realmente merece la pena? No soy feliz, ¿y qué? Aquí estoy cómodo, aquí estoy tranquilo, aquí estoy sereno, la felicidad cuesta mucho esfuerzo, la felicidad me agobia, déjame con tu maldita felicidad y vete al cuerno...

Sólo que no es verdad. No estás cómodo, ni tranquilo, ni sereno. El estrés sigue habitando en ti, lo hizo desde el principio. El estrés no es el trabajo, no son las responsabilidades, no es tu madre o tu pareja... El estrés es tu mente. Tu mente diciéndote: "Algo malo va a pasar en el trabajo, o con tus responsabilidades, o con tu madre o con tu pareja... y eso malo que va a pasar va a ser horrible". Así que a través de la depresión eliminas fuentes de estrés, o te ocultas de ellas, las evitas, huyes. Pero de tu mente nunca vas a poder huir. Y por muy pocas fuentes de estrés que existan en tu entorno, tu mente te va a seguir presentando la posibilidad de que algo malo va a pasar y que va a ser horrible.

Escogiste, porque lo hiciste, la depresión como una solución a tu problema con el miedo. Es como el chiste "¿Qué eliges, susto o muerte?". Sólo que escoges muerte. Y no es una buena solución.

Seguramente entender que, por mucho que tu mente insista en ello, nada malo tiene por qué pasar y, que si pasa, tampoco será tan horrible y podrás sobrellevarlo, no sea tampoco la solución definitiva, pero puede ser un buen punto de inflexión...

... para salir de la cueva de la depresión...

... y enfrentar tus miedos.

Y claro joder, claro que merece la pena.

Un abrazo.

lunes, 10 de abril de 2017

CREE EN TI

Cuantas veces me habré dicho a mí mismo "no puedes", y no lo hice. Y a lo mejor, podía.

Cuantas veces me habré dicho "no eres lo suficientemente bueno". Y a lo mejor lo era.

Cuantas veces habré desistido o renunciado. Cuantas veces me habré negado, me habré censurado. Limitado. Obviado. Anulado.

¿Y tú?

Si te sientes identificado, tranquilo, no eres raro, no eres anormal, es bastante frecuente, somos objeto de tantos condicionamientos, y éstos condicionan nuestra manera de pensar y actuar a lo largo de la vida. ¿Y quién no ha fracasado? ¿Y quién no se ha sentido decepcionado alguna vez? Decepcionado consigo mismo.

Quizá tantas veces que, se acaba perdiendo la confianza. La fe.

Porque también nos hemos dicho que podíamos y... No pudimos. También nos dijimos que eramos bueno, merecedores... Y no lo merecimos.

Y... ¿y qué?

Cierto, no eres omnipotente. ¿Necesitas serlo para creer en ti? No eres perfecto. ¿Necesitas serlo para creer en ti?

No eres un Dios,
y no necesitas serlo para ser tu Dios,
tu mayor fe, tu gran religión.

Los cristianos no saben a Dios, creen en Dios, y su fe les impulsa a llevar grandes tronos sobre sus hombros por largas horas. Los musulmanes no saben a Alá, creen en Alá, y su fe les impulsa a orar hacia La Meca 5 veces al día.

No necesitas estar seguro de que podrás, para hacerlo. No necesitas saber que eres lo suficientemente bueno, para intentarlo.

Y lo mejor de todo de esta nueva religión a la que te invito a convertirte es que: no pasa nada si fracasas, no dejas de ser merecedor, no pasa nada si no eres lo suficientemente bueno, porque nunca se deja de aprender y de crecer.

Lo mejor de esta nueva religión es que tu Nuevo Dios no necesita hacer milagros, para que creas en él. Tú Dios eres tú. Y tú eres humano. Un humano que tropieza, que fracasa, al que hacen daño y que hace daño a otros.

Pero que siempre puede volver a ganar.

Que siempre puede hacer un bien.

Que siempre puede perdonar y ser perdonado.

Cree en quien quieras y en lo que quieras, pero nunca dejes de creer en ti. No porque eso te vaya a dar la victoria. No. Simplemente creer en ti, no te dará la victoria. Ojalá pudiera decirte que sí, ojalá pudiera decirte que es así de fácil, pero no...

No.

Creer en ti, te dará fuerzas.
Y necesitas fuerza para alcanzar la victoria.

Las religiones se inventaron para proteger al hombre de su miedo a la incertidumbre.

En la Nueva Religión en la que el hombre cree en sí mismo, no necesitas protegerte del miedo. Porque puedes tener miedo, puedes tener incertidumbre...

... y decepción, y rechazo, y traumas, y complejos...

PERO NO SON TÚ

No hay mayor revelación que liberarse de los condicionamientos. Entonces es cuando se despierta la fe: y crees en ti, y te amas, incondicionalmente.

Abrazos.

miércoles, 5 de abril de 2017

LO QUE MATA EL AMOR

Conoces a una persona. Te gusta. La deseas. De repente, te das cuenta de que también gustas a esa persona, que también te desea. Y surge el amor. Os conocéis más, os interesáis más, os atraéis más, y aparecen las risas, la complicidad, la intimidad... Todo fluye.

Y un día, de repente, deja de hacerlo. Aparecen la desgana, el aburrimiento, las decepciones y desilusiones, el rencor, la venganza... ¿Por qué, qué pasa? ¿Qué es lo que mata el amor?

La relación es lo que mata el amor.

Las exigencias, las demandas, las rutinas innecesarias... Llega un momento de la relación en el que las personas dejan de disfrutar lo que es y empiezan a preocuparse por lo que "debería" ser.

"Si estamos en una relación, se supone que debemos hablar todos los días" "Si estamos en una relación, debemos vivir juntos" "Si estamos en una relación, debemos casarnos, tener hijos, comprar un perro..."

Sin ser conscientes de ello, movidos por condicionamientos sociales, "si, si, si...", estamos poniendo cada vez más y más grilletes a algo que empezó siendo totalmente libre. Yo me enamoré libremente de ti, tú te enamoraste libremente de mí.

La cadena de la relación, limita nuestra capacidad de amor, 
y acaba matando el amor.

No digo que el amor tenga que ser libertad sin responsabilidad. Toda libertad encierra una responsabilidad. La libertad "de amarte" conlleva un "para": para respetarte, para confiar en ti, para apoyarnos mutuamente, para sernos fieles si hemos decidido, libremente, que nuestro amor sea exclusivo.

No digo que no deba haber relación cuando hay amor, la hay, pero surge como algo natural. Si es: "tenemos una relación, para que haya amor", el amor morirá, quizá lentamente, pero morirá. Si es: "nos amamos, y por eso nos relacionamos", el amor puede sobrevivir.

Si la obligación, el compromiso o el sentido de pertenencia se priorizan al amor, el amor morirá. Si en lugar de preocuparnos por lo que debería ser, nos ocupamos de lo que es, disfrutaremos el amor.

La persona de la que te enamoras, no está ahí para cumplir tus expectativas. De hecho, no está ahí para ti, el destino no la ha puesto ahí para ti, Cupido no ha clavado sus flechas en ella... Habéis elegido, libremente, enamoraros. Mantener el amor conlleva mantener esa libertad.

Cuando soy yo está bien. Cuando eres tú está bien. Y cuando somos tú y yo también está bien.

Digo esto, me lo repito, y cuán libre me siento, para amarte:

Que el amor no se tenga,
que el amor simplemente, sea.

Un abrazo.