jueves, 23 de noviembre de 2017

DECÁLOGO PARA PRODUCIR BUENOS DESPERTARES

Una de las cosas que más les cuesta a las personas que pasan por un momento del estado de ánimo deprimido, son los despertares. Y a su vez, un mal despertar repercute negativamente sobre el estado del ánimo.

Por tanto, es beneficioso para nuestro estado anímico, ya estemos pasando por una fase depresiva o no, provocarse buenos despertares, especialmente en estas épocas del año en las que, por el frío, cuesta tanto despegarse de las sábanas.

Y es que un despertar es el arranque de tu motor, y si no arrancas bien, es probable que tu cuerpo, mente y/o estado emocional "se te cale". Empezar bien el día es fundamental para llevar bien el día. Llevar bien el día es fundamental para tener una buena vida.

Aquí va un Decálogo para mejorar tus despertares:

1. Lo primero de todo: duerme. Los estudios médicos al respecto dicen que lo ideal es dormir entre 7-8 horas, aunque esto varía según las personas, ya que hay quienes necesitan dormir menos o más. Si te encuentras fatigado a lo largo del día, puede ser un síntoma de que estás durmiendo mal o poco. Consejos para dormir bien: desconectarse del móvil u ordenador mínimo 10 minutos antes de ir a la cama, tomar infusiones, meditar antes de dormir, levantarse y acostarse sobre la misma hora cada día, e irse a la cama con pensamientos positivos (por ejemplo: pensando en lo mejor que hayas hecho durante el día).

2. Y es que un pensamiento, un simple pensamiento, puede marcar la diferencia entre sentirte bien y mal, y por tanto, entre un buen o mal despertar. Si te despiertas y enseguida piensas: "Jo qué rollo, qué madrugón, y ahora ir a trabajar, vaya mier...", o si estás de baja, de vacaciones o desempleado: "Bah, otra vez la misma rutina de siempre, no sé qué hacer con mi vida, todo son problemas...", esos pensamientos negativos, por supuesto, pueden determinar tu estado de ánimo y con ello mermar tu rendimiento y tu capacidad de disfrute. Si en cambio piensas nada más despertarte en las cosas buenas que, previsiblemente, te esperan: "Hoy me voy a preparar esa comida para el almuerzo que tanto me gusta... hoy he quedado con Fulanito, ¡qué alegría, hace tanto que no le veo!... esta noche ponen esa serie o programa en TV que tanto me gusta... ¡Hoy voy a ser todo lo posible por disfrutar el día!", tu despertar y tu predisposición a afrontar el día, pueden ser totalmente diferentes.

3. Y al mismo tiempo que estás pensando en cosas agradables... ¡sonríe! La propiocepción es el sentido que recibe información de nuestro propio cuerpo. Si pensamos en cosas agradables y sonreímos, le estamos diciendo a nuestro cerebro: "Eh, tranqui, todo está bien, ¡vamos a empezar!"

4. Y ya, para rematar, si acompañas los pensamientos positivos y agradables con una sonrisa y con gestos de cariño hacia ti: caricias, abrazos, estirazarte..., estarás creando una triada de positividad y autoamor que cambiará radicalmente tu despertar.

5. Y eso que aún no hemos salido de la cama. Importante: no demorar demasiado el acto de levantarte. Quedarte mucho tiempo en la cama sin hacer nada puede ser una ventana abierta a los pensamientos negativos y producir apatía y desmotivación (aparte de llegadas impuntuales al centro de trabajo, lógicamente).

6. Nada más levantarte, echa para arriba las persianas y déjate inundarte por la luz del sol, porque está demostrado que la luz solar puede afectar positivamente al estado de ánimo. Si tu habitación no da al exterior, busca una ventana que dé y recréate por un momento en esa sensación de sentir la luz del sol sobre ti. Si ninguna habitación de tu casa da el exterior, sal pronto a la calle para saludar al astro rey. Si te despiertas cuando aún es de noche... ¡jo, qué difícil me lo pones! :p Si te despiertas cuando aún es de noche, piensa en que pronto saldrá el sol y estate preparado para recibirlo como es debido: con contemplación y gratitud. Si está nublado y llueve... Las nubes y la lluvia también tienen su encanto.

7. Incorpora, dentro de tus rutinas mañaneras, alguna actividad que sea agradable para ti. Por ejemplo poner la radio. O si sueles meditar, cuándo mejor para hacerlo que al inicio del día, y además no necesitas demasiado tiempo para hacer esta actividad (es una actividad que se puede hacer en 1, 2, 5, 10 minutos... ya depende de tus posibilidades). O hacer ejercicio físico: empezar las mañanas "dándole caña" al cuerpo es una manera de activarlo y de producirte un estado del ánimo positivo, así que aunque tengas que despertarte un poco antes para hacerlo, merece la pena. La cuestión es: si empiezas tu día a día haciendo algo que te guste, va a influir sobre tu estado de ánimo y por ende sobre tu rendimiento y satisfacción general con tu vida.

8. Desayuna fuerte y algo que te guste. Los beneficios de un desayuno fuerte están más que demostrados: nos aporta energía para el resto del día, condiciona nuestro estado de ánimo, incide en nuestro rendimiento físico y mental, nos permite comer luego menos a lo largo del día y nuestro cuerpo asimila mejor los alimentos que tomamos en ayunas. Los alimentos que más se recomiendan para el desayuno son los cereales y las frutas, pero dentro de esa gran variedad, es importante que comas algo que sea sabroso para ti, ya que eso aumentará las ganas que tengas de levantarte de la cama.

9. Empieza el día regalando amor: besando a tu pareja, abrazando a tus hijos, acariciando a tu mascota... Y si vives solo, ¡mírate al espejo y regálate un beso! Todo el amor que damos nos viene de vuelta. No es el karma, simplemente es que nos sentimos felices cuando hacemos felices a los demás. Así de sencillo.

10. Si trabajas en casa o estás desempleado y tienes planificado quedarte por la mañana buscando ofertas por internet (éste sería tu trabajo en casa), no te quedes con la bata puesta y el pelo desaliñado. Arréglate un poco, aunque no vayas a salir. Como dije antes: nuestro cuerpo le envía información al cerebro, nuestra propia imagen también, por eso, si nos arreglamos, nos estamos mandando el mensaje: "Vale, ya estoy listo para el trabajo, ¡vamos allá!". Si nos quedamos con el pijama puesto... ¡de lo único que tendremos ganas es de volver a la cama! Igualmente, si trabajas fuera o tienes que salir: ¡ponte guapo, guapa! Te dará más fuerzas para "comerte el mundo". 

Como veis son "trucos" muy sencillos y que pueden determinar vuestra forma de levantaros y de empezar el día, y con ello vuestra predisposición y estado de ánimo para afrontar el resto de la jornada.

Y es que nos enseñan y ponemos en práctica multitud de consejos para: ganar dinero, ahorrar dinero, ganar peso, perder peso, ligar, alcanzar el éxito, gestionar el éxito...

Y digo yo: ¿qué mayor éxito hay que ser feliz? Pues la felicidad se gestiona. Y empieza por uno mismo... desde que te despiertas.

¡Un abrazo y felices despertares!

miércoles, 15 de noviembre de 2017

UNA CREENCIA QUE DEBES ELIMINAR DE TU VIDA

A lo largo de nuestro aprendizaje vital, nuestro sistema de creencias se va desarrollando.

Una creencia puede ser definida como un pensamiento que se ha instalado en la manera de pensar del individuo de manera sólida, y que puede determinar su conducta y sus emociones.

De hecho, Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva y propulsor de la Psicología Cognitiva, defendía en su teoría que no son los acontecimientos los que generan los estados emocionales sino la manera de interpretar los acontecimientos. De esa interpretación nacen las creencias, y de esas creencias nacen hábitos.

Por ejemplo: si mis padres le han dado una importancia excesiva al dinero, puedo adquirir la creencia de que el dinero da la felicidad y quizá me esfuerce mucho en mi vida por obtener más y más dinero o quizá caiga en un estado crónico de apatía y desesperanza porque me veo sin mucho dinero y sin posibilidades de conseguirlo. O: si una vez me rompieron el corazón, puedo adquirir la creencia de que los hombres o las mujeres son personas egoístas y que el amor no existe, y no volveré a confiar en una persona.

Albert Ellis estableció una clasificación de 11 creencias irracionales y disfuncionales, es decir, no son válidas desde un punto de vista racional ni tampoco útiles, ya que generan conductas ineficaces y/o estados del ánimo negativos. Usando los dos ejemplos anteriores: no es razonable que el dinero dé la felicidad ya que la felicidad no es una "cosa" que se consigue y hay muchísimos más elementos (que no se compran con dinero) que nos aportan felicidad, y no todos los hombres ni mujeres son completamente egoístas ni es cierto que no exista el amor (la ciencia ha demostrado que sí). Las conductas que se desprenden de estas creencias son disfuncionales porque pueden llevarnos a convertirnos en work-alcoholics (adictos al trabajo) o en personas que no se hacen responsables de sus vidas o en parejas sumamente celosas.

De las 11 creencias que estableció Ellis quiero hablar en este post de una que, si no la más perjudicial, es una de las que más daño puede hacernos:

"Si existe la posibilidad de que algo malo pase,
debo preocuparme mucho por ello".

Creo que ésta es una preocupación dominante en la manera de pensar de hoy día, y el origen de mucho estrés autogenerado (preocupaciones, rumiaciones, anticipaciones), y por ende de muchos problemas de ansiedad, depresión, y otros como puede ser la hipocondría (aunque en realidad ésta es un trastorno de ansiedad).

Pensémoslo bien (de hecho pensar bien es una herramienta poderosísima a favor de la felicidad, así que te animo a hacerlo muchísimo): siempre existe la posibilidad de que algo malo pase, así que si seguimos la lógica del pensamiento: ¡siempre estaré muy preocupado!

Por otro lado, preocuparme ni aumenta ni disminuye las probabilidades de que lo malo pase. Lo que incide directamente sobre el problema o amenaza, resolviéndolo o evitando que ocurra, son nuestras decisiones, planificaciones y acciones, no nuestros pensamientos. Lo que sucede es que que hay muchos problemas o amenazas sobre los que no podemos ni decidir, ni planificar ni actuar porque están fuera de nuestro margen de maniobra o porque ni siquiera han sucedido. Y la mente rumiante es la mente tratando de controlar algo que no controla.

Pero no lo consigue, y no sólo no lo consigue sino que además, provoca un efecto negativo en nuestro estado de ánimo y por ende en nuestra salud mental, emocional (y en muchas ocasiones física, cuando psicosomatizamos). Es decir que: nuestras preocupaciones no provocan un impacto real sobre el problema o amenaza, ni resolviéndolo ni evitándola, ¡pero sí provocan un impacto negativo real sobre nuestra salud!

Creo, por todo ello, que es más que necesario que desactivemos esa falsa creencia de que preocuparnos mucho es un arma para solucionar los problemas o evitar las amenazas, ¡es un arma contra nosotros mismos!

Cómo la desactivamos:

1. Por supuesto que siempre existe la posibilidad de que algo malo pase: de que suspendas el examen, te echen del trabajo, tu pareja te deje o contraigas una enfermedad. Pero también siempre existe la posibilidad de todo lo contrario: de que saques una buena nota si estudias lo suficiente, de que te asciendan si te esfuerzas, de que la relación con tu pareja sea larga y significativa si trabajáis para que así sea, y de que tengas la salud y fortaleza de un roble si te cuidas.

2. PERO, en el caso de que efectivamente lo malo pasase, y puede pasar, estoy convencido de que no es peor que estar constantemente preocupado. Porque si suspendes el examen puedes repetir convocatoria, si te echan del trabajo puedes encontrar un trabajo mejor, si tu pareja te deja puedes disfrutar enormemente de tu vida de soltería, y si contraes una enfermedad puedes curarte o ser feliz con tu enfermedad como consigue hacer muchísima gente enferma. Es decir: nos recuperamos de la adversidad (de lo malo), pero de la preocupación obsesiva...

De eso, no se recupera uno nunca.

Así que desactiva esa creencia...

... y sustitúyela por esta otra:

Si va bien, bien,
y si va mal, no pasa nada, lo superaré.

Y don´t worry, be happy y Hakuna Matata. :)

¡Y un abrazo!

miércoles, 8 de noviembre de 2017

EL ROL OBSERVADOR

La mayor parte del estrés es autogenerado y proviene de nuestro apego al control.

Queremos tenerlo todo atado y bien atado, y como eso es muy difícil cuando no imposible, me estreso y me frustro y me enojo.

¿Por qué nos cuesta adquirir una actitud contemplativa ante la vida y en cambio nos ansiamos tanto por abarcar lo inabarcable y anticipar lo inexistente? Porque nos cuesta renunciar al control.

Y nos cuesta renunciar al control porque confundimos eso con un acto de irresponsabilidad. Confundimos contemplación con la imprudencia del que es pasivo y deja su vida en manos del azar, de Dios, del Universo o de Donald Trump.

Pero es, a mi modo de ver, una confusión, y trataré de demostrarlo con esta definición que sigue sobre los roles pasivo, controlador y observador (contemplativo).

El pasivo se da la vuelta. Y desde esa posición no ve. Elige no ver.

El observador o contemplativo primero observa. Y toca sólo lo que puede tocar. Elige mover aquello que está a su alcance y puede mover.

El controlador no cesa de perder tiempo y energía en tratar de tocar y mover aquello que está fuera de su alcance porque primero, no se paró a observar.

Este sábado 11 de Noviembre en Málaga hago el Taller de Mindfulness en Emociones II, con nuevos ejercicios de meditación para entrenar la Atención Plena y desarrollar nuestro rol de observador.

Observar tanto los eventos externos, como los internos: nuestros pensamientos y emociones.

Porque tanto unos como otros son estímulos que podemos elegir ignorar o controlar a través de la represión.

Y seguramente sea más responsable: observar, aceptar, y continuar.

Como haría un buen observador.

Un abrazo.

martes, 31 de octubre de 2017

SISTEMA DEL MALESTAR

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOLel servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: SISTEMA DEL MALESTAR. Un caso que nos enseña cómo la negatividad, el pesimismo y la autoexigencia excesiva conforman todo un sistema de malestar emocional, y con qué recursos podemos salir de él para diseñar nuestro propio Sistema del Bienestar.

CONSULTA

Tengo 33 años y un expediente académico repleto de títulos que logré sacar mientras trabajaba. Tres quiebras y cierres de tres empresas distintas me han vapuleado. He tenido que deshacer mi hogar dos veces y volver a casa de mis padres, quienes me tratan como si tuviese 6 años. Decidí opositar para buscar una salida profesional que me sacase de las penurias económicas que he tenido que pasar y de las psicológicas que aquéllas han conllevado. Soy una persona de carácter fuerte, muy independiente, mi familia, mis amigos y mi novio me adoran, pero falta un pilar en mi vida que por más que persigo no llega: un empleo estable y no precario. Sin empleo no tengo independencia, ni proyecto de vida propio ni planes de tipo alguno. Me hago mayor y veo que metas como formar una familia se alejan cada día más por esta causa. Siento mucha rabia y odio hacia este sistema del malestar. Estoy absolutamente frustrada.

RESPUESTA

La situación que nos comentas, por desgracia, es muy común en España, ya que en este país existe una tasa de desempleo muy, que ronda el 50% en la población juvenil. Es desolador y ante tal panorama no es raro que sientas esa rabia, ese odio y esa frustración a las que te refieres. Sin embargo, el problema, como casi siempre, no radica en tus emociones, sino en los pensamientos que multiplican el impacto de estas emociones y las vuelven incapacitantes. No puedes cambiar la situación de tu país, así que céntrate en cambiar lo que sí controlas: tu negatividad y pesimismo.

Negatividad porque pones foco de atención en los acontecimientos negativos del pasado (cierre de las tres empresas) y en lo que no tienes: un empleo estable. Empieza a dirigir la atención sobre lo que tienes y lo que puedes hacer ahora: títulos, carácter fuerte, amigos, familia, novio, la posibilidad de opositar o encontrar otro trabajo. Y pesimismo porque piensas que tu situación no cambiará. El optimismo en cambio es una actitud mental que, lejos de conseguir milagros, sí que nos predispone a dirigir mayores esfuerzos en pos de los resultados que esperamos obtener.

Ni la positividad ni el optimismo te van a dar, al menos no directamente, ese empleo estable que tanto ansías. Pero plantéate si lo contrario, si quejarte y lamentarte, te está ayudando, o si meterte presión a ti misma por tener 33 años, es decir: esa autoexigencia excesiva, te hace sentir mejor y te acerca a tus metas. ¿O te aleja? El sistema del malestar externo es algo que depende de muchos factores que tú no controlas, pero tu propio sistema del malestar sí que lo puedes cambiar. Un abrazo.

miércoles, 25 de octubre de 2017

LA TIRANÍA DE LA MEJOR OPCIÓN

En otras ocasiones he hablado de la intolerancia a la incertidumbre y su relación con la ansiedad y la depresión: ser intolerante a la incertidumbre significa, básicamente, no saber por qué elección decantarme para resolver un conflicto, problema o situación de mi vida, porque no estoy seguro de que mi elección vaya a ser positiva.

En definitiva: no soporto no saber qué va a pasar y aspiro a una garantía de seguridad imposible, que es saber a ciencia cierta que mi decisión me llevará al sitio que quiero. Al no tener esa seguridad, acabo por no tomar decisiones, y eso me provoca insatisfacción, me frustra, además que no resuelve nada, y de ahí la aparición de estados ansiosos y depresivos.

El fenómeno que presento aquí y al que llamo "la tiranía de la mejor opción" es muy parecido y está relacionado, pero no es exactamente lo mismo, si sabemos leer los matices: no es no atreverme a tomar una decisión si no estoy seguro que resolverá el problema o conflicto planteado, ya que en realidad no existe tal problema, es no atreverme a elegir por no estar seguro de que la opción elegida será la mejor opción.

Esto nos puede suceder en multitud de eventos diarios: "¿escojo este detergente que es más barato, o éste que es de mejor marca?" "Me han surgido dos planes para el fin de semana, ¿qué hago, voy a la fiesta o al cine, dónde me lo pasaré mejor?" "¿Salgo con Fulanita o con Menganita?, ¿¿¿y si después me va mal con Fulanita y me arrepiento???"

Casi no cabe la pena mencionar lo cansina que puede llegar a ser esta indecisión: es una pérdida de energía constante. Querer asegurarse de que nuestra decisión será la mejor, sin ningún género de dudas, ya está provocando que la opción que escojas sea una mala opción: ¡porque habrás invertido demasiado tiempo y energía en ello!

Pero lo peor que te puede pasar es que, una vez tomada tu decisión, ¡no la disfrutes, porque sigas pensando que la otra opción quizá era la mejor!

Un ejemplo muy prototípico de esto es el de los planes: nos surgen varios a la vez y, claro, como todavía el ser humano no tiene el don de la omnipresencia (que al tiempo), sólo podemos escoger un plan. Después de un mar de dudas (como si nuestra felicidad dependiera de escoger en este caso lo mejor), nos decantamos por fin por uno de los planes, y cuando estamos allí (en el ejemplo anterior, en la fiesta en lugar de en el cine) no paramos de pensar en la maravillosa película que nos estamos perdiendo.

¡No te estás perdiendo nada, ese escenario ya no existe, dejó de existir en el momento en que tomaste tu elección! Corrijo: sí que te estás perdiendo algo: ¡la fiesta, tu presente, tu aquí y ahora, que además es lo único que existe, y te lo estás perdiendo por pensar en algo que no existe!

Pongo otro ejemplo: yo mismo, que por muy psicólogo que sea soy más humano que psicólogo (o eso creo) caigo muchas veces en esta tiranía de la mejor opción. Recientemente decidí comprarme un coche. Pues bueno, cuando pienso en la cantidad de horas, dudas y angustias que invertí en estar seguro de que el coche que iba a comprar iba a ser el mejor en relación calidad-precio-medioambiente-duración-etc., ¡me dan ganas de volver a la bicicleta! Pero sí que es verdad que, aunque me costó mucho decidirme, una vez que lo hice, ¡todos los demás coches desaparecieron! Esas opciones ya no existían una vez había tomado mi decisión: ésta es mi elección, éste es mi coche, punto. Asunto zanjado, ya puedo olvidarme del tema.

Saber esto es importante porque una de las resistencias psicológicas que podemos encontrarnos a la hora de querer liberarnos de la tiranía de la mejor opción es: el miedo a arrepentirnos. El miedo a pensar: "¿Y si tendría que haber elegido aquel coche?" Pues bien, ese "y si", como todos los "y si", no existe. Tomaste una decisión, más buena o más mala, pero asume que la tomaste y que ésa es tu realidad, la única realidad.

Si el coche al final sale malo, no tienes ninguna evidencia a tu favor de que el otro fuera a salir mejor, así que no te martirices. Y si al final la fiesta resulta ser un aburrimiento: ¡haz tú que sea divertida, propón un juego o una actividad para pasarlo bien! O a unas malas vete de la fiesta y prepara tú una buena fiesta para el próximo finde, ¡que un fin de semana aburrido tampoco es ninguna tragedia!

Al fin y al cabo:

Mucho, muchísimo más importante que el acierto de nuestra decisiones,
es la actitud que tomemos después de éstas.

Si va bien, bien, y si no, ya sabré lo que hacer.

Lo mejor... Bah, lo mejor está sobrevalorado. 

Abrazos.  

jueves, 19 de octubre de 2017

RECUPERARSE DE LA DESILUSIÓN

Ilusionarse es inevitable.

Ilusionarse ante una nueva relación, un nuevo proyecto, cambios que se avecinan...

No sólo es inevitable sino que es bueno, ya que la ilusión puede actuar como impulso de la fuerza motora, es decir, puede facilitarnos la toma de decisiones y la ejecución de acciones conducentes a hacer que nuestras ilusiones se cumplan.

Sin embargo la ilusión puede convertirse en decepción cuando nuestras expectativas no se convierten en realidad. La sensación es aún mucho más desagradable cuando se trata de una noticia negativa que nos pilla de sorpresa: un viaje frustrado en el último momento, un despido inesperado, una ruptura que no nos imaginábamos...

Se produce entonces un derrumbe, un ¡plof!, nuestro estado anímico cae y se sumerge en un pozo de depresión y vacío.

Éstas son algunas recomendaciones para salir de ese pozo:

1. Acepta la realidad. Y la realidad, por mucho que nos sorprenda a veces para mal, no tiene que coincidir con tus expectativas. La realidad es lo que es. Y no vas a cambiar lo que es por mucho que te lamentes.

2. No te culpes, aprende. Si hiciste algo mal, si cometiste fallos, perdónate, eres humano, a todo el mundo le pasa. Analiza cuáles fueron tus errores y eso te servirá para no volverlos a cometer. A través del autofustigamiento perpetuo no se aprende nada en absoluto.

3. Comparte lo que te ha pasado. Muchas veces es sobre todo la sensación de vergüenza lo que nos mantiene en ese pozo y nos impide salir de él. Pensar que lo malo sólo me pasa a mí. Si compartes tu desilusión con personas significativas para ti, seguro que encontrarás: empatía, apoyo emocional, y una mano amiga invitándote a salir del pozo.

4. Construye tu realidad. Quedarse parado tras una decepción es aferrarse a las expectativas. Tras el derrumbe inicial, tras concederte un tiempo a ti mismo para asimilar la decepción, explora cuáles son tus alternativas y llévalas a cabo: quizá no pudiste hacer ese viaje que tanto ansiabas, pero qué planes puedes hacer en tu ciudad para pasártelo bien, quizá ya no puedas seguir trabajando en ese trabajo en el que tan cómodo te sentías pero ahora se abren nuevas posibilidades profesionales para ti, quizá se acabó esa relación que tanto te ha aportado y de la que tan buenos recuerdos te llevas, pero quién sabe qué tipo de personas se cruzarán a partir de ahora en tu vida para enriquecerla. Frente a las expectativas perdidas: búsqueda de alternativas.

5. No te engañes a ti mismo. Puede que te sintieras muy bien ilusionándote, pero no te engañes a ti mismo, el objeto de tu ilusión, o dicho de otra manera, la consecución de tu expectativa, no iba a ser nunca, de ninguna manera, el culmen de tu felicidad. Porque el culmen de tu felicidad no existe. No necesitamos ilusiones para ser felices, necesitamos ilusiones para movernos, y a través del movimiento, a través del crecimiento personal, se genera felicidad, pero tu felicidad no depende una única cosa. Así que si no conseguiste o mantuviste aquello que te hacía ser tan feliz, de verdad...

NO IMPORTA TANTO.

Porque la vida no deja de ofrecerte nuevas alternativas. Así que, ten ilusiones, pero no te cases con ellas...

¡Cásate con la vida!

Un abrazo.

lunes, 9 de octubre de 2017

PRACTICAR LA FELICIDAD

Mucho se habla del viaje a la felicidad o la búsqueda de la felicidad.

Pero la felicidad, más que una llegada a ningún sitio o un encuentro con algo, reside en el viaje, en la misma búsqueda.

La felicidad es un siendo que se manifiesta a través de un haciendo (o un no haciendo nada, que a veces cuesta más trabajo que el hacer).

Y, entonces, sólo entonces, si entendemos, sólo si entendemos, por fin, de una vez, que la felicidad es un hábito y como tal se desarrolla y fortalece a través de la práctica, cobrará más sentido y significado para nosotros que:

Hagamos más
aquello que más nos hace sentir mejor.

Como por ejemplo:

Recordar los buenos momentos.

Jugar, reír, cantar, bailar, descansar...

Mostrar afecto y expresar gratitud.

Pararse y observar las maravillas que nos rodean con nuestros cinco sentidos.

Tomarte tu tiempo para saborear: una comida, un beso, un momento.

Tener orgasmos, sexuales y no sexuales. Estallar de placer y dicha por cualquier cosa.

Viajar: en tren, en barco, en avión, en libro, en imaginación...

Hablar de lo que te interesa. Gozar del silencio.

Trabajar en lo que te apasiona, ponerle pasión a tu trabajo.

Mirar al futuro con ilusión.

No son unos malos "10 mandamientos". Pero es posible que mucha gente esté pensando ahora mismo que esto es más que obvio y que no hace falta ser psicólogo en ejercicio para saberlo.

Sin embargo, como psicólogo en ejercicio, te invito a hacerte estas preguntas:

¿Cuántas horas de la semana practicas la queja? ¿La preocupación? ¿La crítica y autocrítica? ¿La insatisfacción? ¿El enfado? ¿Los "debos" autoimpuestos? ¿La autoexigencia excesiva? ¿La culpa? ¿Las prisas? ¿Las relaciones tóxicas? ¿El no estar presente? ¿La represión emocional? ¿La... infelicidad?

A veces la función de un psicólogo no consiste tanto en enseñar como... en recordar.

Que la psicología muchas veces va de sustituir hábitos que no funcionan por los que funcionan.

Que lo obvio, precisamente por ser obvio, merece ser recordado, porque es lo que más tendemos a olvidar.

Y que lo verdaderamente importante, es aquello que te hace sentir bien.

Que practiques mucho. Un abrazo.