lunes, 20 de febrero de 2017

CÓMO DEJAR DE PREOCUPARSE

Hay varios acontecimientos que han provocado que hoy escriba este post. En primer lugar que últimamente varios pacientes me reconocen que se descubren a sí mismos preocupándose por tonterías. El segundo, que hoy mientras corría, me he descubierto a mí mismo preocupándome por tonterías (sí, soy psicólogo, y aún así no soy perfecto :p ). Y el tercero haber visto ayer la película Manchester frente al mar, de la cual no desvelaré nada porque se merece que la veáis, pero digamos que el protagonista no es de los que se preocupan mucho.

No sé si tú alguna vez te has descubierto a ti mismo preocupándote por tonterías, pero permíteme imaginarme que sí. Es algo bastante común. Y que sin embargo puede provocar graves interferencias en nuestro bienestar: nos impide estar concentrados en una tarea y por tanto afecta a  nuestro rendimiento, nos dificulta la conexión con el aquí y ahora al mantenernos enfocados hacia el futuro, y nos genera ansiedad, ya que la tontería en sí en ese instante no es valorada como una tontería, y de ahí la preocupación.

Razones hay de sobra para querer mejorar en la gestión de nuestras preocupaciones, sobre todo si son tonterías. Pero lógicamente, para poder hacerlo tendremos que saber discernir entre tontería y lo que no lo es. ¿Y cómo lo hacemos? Evaluando el foco (el origen, la raíz, el porqué) de nuestra preocupación. De tal manera que:

¿CÓMO SABER QUE ME ESTOY PREOCUPANDO POR UNA TONTERÍA?
  • ¿El foco de tu preocupación es algo que no controlas? Es una tontería. No hay tontuna más grande que preocuparte por algo sobre lo que no puedes hacer nada.
  • ¿Controlas el foco de tu preocupación, pero no ahora? Me explico: sí que puedes hacer algo, pero no puedes hacer nada ahora... ¡a las 3 de la madrugada!
  • ¿El foco de tu preocupación amenaza tu integridad, tu existencia, tu felicidad? Imagínate que pasara aquello que tu mente preocupada teme que pase: supongo que sería malo, negativo, incómodo, desagradable... ¿Pero habría soluciones, alternativas, podrías seguir teniendo una vida relativamente feliz después de eso? Si la respuesta es sí, no lo dudes, ¡tontería!
  • ¿Es el foco de tu preocupación más importante que las cosas que te hacen feliz: familia, amigos, amor, aficiones, risas, satisfacción y crecimiento personal, autorrealización...? Ejemplos: ¿si tu foco de preocupación fuera quedarte sin empleo, podrías mantener el resto de cosas? ¿Si tu foco de preocupación fuera una de las cosas mencionadas, no podrías volver a enamorarte o tratar de hallar la autorrealización de otra manera?
Si usamos los filtros mencionados, seguramente encontremos que algunas de las cosas sobre las que nos preocupamos escapan a nuestro control, o que ahora no es el momento de pensar en ellas, o que no suponen una amenaza seria para nosotros, o que hay cosas más importantes y positivas sobre las que pensar.

No. No, perdón, algunas no... ¡La gran mayoría! Y es que...

La mente rumiante es la mente tratando de controlar
algo que no controla.
La mente anticipándose es la manifestación
de nuestro perfeccionismo.

Deseamos tenerlo todo atado y bien atado. Lo que se escapa a nuestro control. Lo que aún no ha sucedido. Lo que no es tan grave y es secundario. ¿Por qué? Por nuestro infantil rechazo al dolor emocional, ya sea en forma de tristeza, vergüenza o desilusión. Por nuestra inmadura interpretación del fracaso, que nos impide precisamente madurar, crecer.

Por tanto, lo único que hay que hacer, una vez sabido esto, es decirse a uno mismo bien alto: "No seas niño, no seas inmaduro, ¡y deja de pensar en esa tontería!"

Claro... ¡Claro que no!

El "deja de pensar" tiene un efecto rebote: en cuanto nos decimos "deja de pensar en tal" el "tal" se convierte en nuestro foco de atención.

Pero si llevamos a cabo el análisis que hemos realizado antes, sabremos entonces ya que el "tal" no es urgente ni amenazante ni importante.

Esto es imprescindible tenerlo bien claro. Peeeero... Aun teniéndolo claro, nuestra mente (la tuya, la mía, la de casi todos...) que por razones evolutivas, sociales y biográficas, sí que es una "mete prisas", una dramática y a veces incluso una histérica, nos devolverá una y otra vez el foco de preocupación para que rumiemos, anticipemos, dramaticemos y nos pongamos histéricos.

¿Y qué hay que hacer entonces cuando suceda eso? NADA. Déjalo estar. Let it be. ¿Por qué? Porque si ya hemos detectado que el foco de preocupación no es urgente ni amenazante ni importante, da igual que se presente cuantas veces quiera que se presente, ya que eso no lo convierte ni en urgente ni en amenazante ni en importante. Eso lo único que nos revela es que nuestra mente es una cansina perdía.

Y sí, sí que lo es. Y mientras más le hacemos caso, peor. Así que la próxima vez que se ponga pesada la jodía por culo, simplemente:
  • Date cuenta, sin reaccionar, sin juzgar, sin sobrevalorar ni hacer interpretaciones catastrofistas.
  • Relativiza, desdramatiza, bahitiza (¡bah!).
  • Cambia el foco de atención, dístraete u... ¡ocúpate de lo importante!
Tu familia, tus amigos, hacer el amor, reírte de todo... y el fantástico sonido de tu respiración.

martes, 14 de febrero de 2017

EL MITO DE SAN VALENTÍN

Desde hace ya algunos años que vengo haciendo, cuando se acerca el 14 de Febrero, el Taller Desarmando a Cupido: eliminación de creencias tóxicas sobre el amor.

El título de este taller puede dar lugar a la siguiente inferencia: David Salinas odia el Día de los Enamorados. :(

Sin animo de defenderme, ya que yo no soy responsable de las inferencias de los demás, diré sin embargo que no es cierto. No estoy en contra de que se celebre el amor, que las parejas se hagan regalos y se den muestras de afecto, que los solteros organicen reuniones para conocer gente nueva, y que El Corte Inglés hoy haga su Agosto... Bueno, a quién voy a engañar, esto último ya no me gusta tanto.

El problema que aparece con el Mito de San Valentín es:

La falsa sensación de obligación.

Ocurre lo mismo que en Navidad. ¡A mí me gusta la Navidad! Vacaciones, fiestas, jamón... ¡Joder, jamón! ¿A quién no le puede gustar la Navidad si se come mucho jamón? :D Sin embargo, esa falsa percepción de que por obligación debemos estar felices, ser solidarios, compartir más tiempo con la familia... La obligación precisamente es lo que nos impide disfrutar de momentos felices y familiares, o de la satisfacción que uno obtiene al realizar actos solidarios, cuando quiere.

Pues el 14 de Febrero, día de San Valentín y de los Enamorados, día en el que el maldito Cupido sale a lanzar sus flecha (¡y cómo se equivoca el mamón!), parece que existe esa obligación de dar amor o tener un amor. Por tanto, deberé exigirme lo máximo para contentar a mi pareja ese día, o deberé esperar mucho de mi pareja porque si no se cumplen mis expectativas significa que quizá algo raro pasa, como que no me quiere, o deberé, si no tengo pareja, sentirme muy triste y buscar con urgencia alguien que llene mi vacío...

Ayyy, cuántas parejas habrán roto,
o se habrán formado,
sin motivos sólidos,
por culpa de San Valentín.

Porque el motivo del amor no debe ser la presión, la obligación o el miedo. El motivo del amor es el deseo, la motivación, el "quiero, el propio amor.

La mayoría de la gente piensa que el Mito de San Valentín lo creó El Corte Inglés por razones, evidentemente, comerciales. No es cierto. El mito se generó porque en la Roma Católica del Siglo III estaba prohibido que los hombres jóvenes se casaran, para que fueran a la guerra sin ataduras y combatieran mejor. Un sacerdote desobedeció esa prohibición, casando a los jóvenes enamorados en secreto. Ese sacerdote se llamaba Valentín.

Pero fue en el S.XX, en nuestro país, Galerías Preciados (y no El Corte Inglés) quien volvió a popularizar el mito de San Valentín para incentivar las compras. En muchos países del mundo, sobre todo en Sudamérica, se celebra el Día del Amor y de la Amistad.

Yo quiero dedicar hoy este post a todos los enamorados: enamorados de sus parejas, de sus amigos, de sus familias, de los animales, del planeta, de la vida... Y del jamón, claro que sí, ¿por qué no? Enamorados de la risa, de la alegría y de la psicología, como ciencia que previene y trata trastornos mentales y del estado de ánimo, y por supuesto, también como ciencia que promociona la salud mental a través del estudio de la felicidad.

Y a los enamorados del amor libre. No me refiero a esas personas que deciden, libremente y por mutuo acuerdo, estar ligadas sentimental y/o sensualmente a varias personas a la vez (que, oye, me parece fantástico). Pero no, sobre todo dedico este post a todas esas personas que tienen la valentía, el coraje, y el suficiente amor propio para amar cuando quieren, a quien quieren y de la forma que quieren. ¡Va por vosotros, porque sin dudas, sois las personas más románticas del mundo!

Esta tarde estaré hablando de Cupido y la madre que lo parió y otros temas en Metro Radio.fm, en algún momento entre las 20:00 y 21:00 hora española. Un abrazo y a disfrutar del amor, en sus múltiples significados, hoy, mañana y siempre.

lunes, 6 de febrero de 2017

LA DEPENDENCIA EMOCIONAL

Algo va mal en el mundo.

El otro día veía una de esas noticias que a veces (muchas más veces de lo que me gustaría) salen en los telediarios y son de esas razones por las que desearía dejar de ver telediarios. Una de esas historias que te sienta como una patada en los genitales. Una de esas historias que te parte el alma.

Un hombre con antecedentes por malos tratos se peleaba con su mujer en un hospital y de repente cogió a la hija de ambos, de tan sólo 1 año, y se tiró por la ventana con ella. Los dos, padre e hija, murieron.

Las últimas palabras de él, dirigidas a la madre, fueron: "Te voy a dar donde más duele".

No es difícil, por desgracia,  imaginar al ¿hombre?, antes del fatal desenlace, hecho una furia por... ¿Por qué, por celos, porque la mujer quería separarse...? ¿Acaso importa? ¿Acaso la vida de una niña vale menos que una historia de amor?

El caso es que en España, y en el mundo, demasiadas historias de amor acaban mal, porque empiezan mal. Entender el amor como "Apego Afectivo", término acuñado por el psicólogo cognitivo Walter Riso y que sería el equivalente a hablar de dependencia emocional, es entender muy, pero que muy mal, el amor.

La dependencia emocional se da por la creencia de que se necesita a otra persona para ser feliz, y por tanto, sin esa persona, nunca se será feliz. Así que si nunca voy a ser feliz, como no tengo ya nada que perder, ¿qué me impide matar?

La próxima vez mátate tú solo.

Muchos de los casos de violencia de género, creo, tienen su origen, además de en ideas machistas que convierten a la mujer en una posesión, también en esta forma de entender el amor como una necesidad inventada, cobarde y egoísta. "Yo no quiero que me ames, necesito que me ames porque ni yo soy capaz de amarme a mí mismo".

Riso dice que el apego afectivo (dependencia emocional) representa un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en cuatro creencias falsas: que es permanente, que te va a hacer feliz, que te va a dar seguridad total y que dará sentido a tu vida. Cuando tienes un vínculo de este tipo no estás preparado para la pérdida y no aceptas el desprendimiento. Además, Riso, en una entrevista, valoraba este apego o dependencia como el “mayor motivo de sufrimiento de la humanidad”.

Desde luego, algo va mal en el mundo cuando nos despertamos casi cada día con crímenes por violencia de género, cuando las consultas de psicólogos se llenan de corazones rotos incapaces de superar una ruptura sentimental, cuando hay personas que eligen a un presidente que defiende un discurso de odio hacia otras razas y culturas.

Este sábado 11 de Febrero vuelvo a hacer, como casi siempre por estas fechas, el Taller Desarmando a Cupido: eliminación de creencias tóxicas sobre el amor. Un taller para desaprender esquemas mentales hiperrománticos y negativos que contaminan las relaciones humanas y la autoestima.

Porque amor no es necesitar a otro ni obligar a nadie a amarte. El amor no es miedo, ni odio. El amor es todo lo contrario al miedo y al odio. El amor es quererme tanto a mí mismo que eso me dé el coraje para invitarte a andar este camino conmigo, y la paz interior para seguir yo solo hacia delante, si un día decides apartarte de mí.

Porque algo va mal en el mundo. Y sin embargo, sólo una cosa puede salvarnos. Y es el amor.



miércoles, 1 de febrero de 2017

ENFRENTARSE A LO DESCONOCIDO

La semana pasada tuve que salir de mi zona de confort, me enfrenté a una situación nueva para mí.

Estaba ilusionado, pero también con un alto grado de incertidumbre... De miedo.

Finalmente fue duro, estresante, pasé por muchas dificultades, problemas e incluso conflictos.

Pero también fue bonito. También recibí muchas ayudas y muchas muestras de gratitud. Cada una de las sonrisas que me regalaron no la cambio por no haber pasado por aquellos momentos duros.

Estoy hablando del rodaje de un cortometraje. Mi primer cortometraje como director. Era novato. Llegué a pensar que me había equivocado, que todo podía salir mal, que aquello no iba a tirar para delante.

"Hay veces que no sabes qué va a pasar, pero te lanzas,
y en el camino te encuentras gente que te ayuda".

Qué gran frase. Es de la película El Olivo, de Icíar Bollaín, os la recomiendo porque es preciosa.

Me vi muy, muy reflejado en esa frase. Hay veces que las cosas salen porque, afortunadamente, aparece de repente gente que te ayuda. Hay veces que no aparece nadie, e incluso te encuentras con gente que más que ayudarte, te pone zancadillas en ese camino, pero en esos momentos es cuando podemos aprovechar nuestras fortalezas personales para salir adelante. Hay veces... Hay veces que por mucho que lo intentes, las cosas no salen. Pero hasta esas ocasiones son útiles, porque aprendemos valiosas lecciones de ellas.

Así que, ¿por qué quedarse quieto, por qué quedarse en la zona de confort, si todo es ganancia? Hay varias barreras psicológicas que no mantienen en el inmovilismo:
  1. El miedo. Tenemos un cerebro evolutivamente preparado para la supervivencia. Para él, lo mejor es quedarse quieto, porque así es como garantiza la seguridad del organismo. Esto era útil para nuestros ancestros, que tenían que enfrentarse a graves amenazas todos los días, y además no vivían de media más de 30 años. Pero hoy, la preocupación de las personas ya no es sobrevivir, sino ser felices, y se genera felicidad a través del crecimiento.
  2. La presión social. Nos resulta muy incómodo que nos vean desenvolvernos mal, fallar, y ya no digo fracasar. A veces priorizamos la visión que pueden adquirir otros de nosotros, sobre la imagen que puedo estar dándome yo a mí mismo. Relativizar el fracaso y la opinión de los demás nos ayuda a desquitarnos de esa falsa presión social que imaginamos.
  3. El dolor. Vivimos en una sociedad muy hedonista que huye constantemente del dolor y sólo ansía el placer. La experiencia del rodaje, como dije antes, fue dura, como cualquier experiencia a la que te enfrentes y que requiera un aprendizaje y una adaptación por tu parte. Pero no pocas veces, detrás del dolor que supone esas duras experiencias, encontramos una satisfacción personal que otras experiencias no pueden darnos.
Enfrentarnos a lo desconocido nos da miedo, nos avergüenza, y nos provoca otras emociones dolorosas. Y sin embargo, es en esa zona de lo desconocido, donde más ganancias para nuestro bienestar y crecimiento personal podemos obtener.

Así que la próxima vez que dudes, no lo pienses. O piensa: "Si va bien, bien, y si no, también". Porque te aseguro que así será. Un abrazo.

lunes, 23 de enero de 2017

LA CULPA ME MATA TRAS HABERME SEPARADO DE MI PAREJA

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.
Esta semana: La culpa me mata tras haberme separado de mi pareja. Creo que es un fenómeno bastante habitual y por eso espero que este caso ayude a muchas personas. Un abrazo.

CONSULTA

Poco antes de que mi tercer hijo cumpliera su primer año, no sé por qué, la vida, el destino. ... se me cruza en el camino alguien y al poco tiempo ya estaba totalmente enamorado. Me separo, comienzo esta relación y a día de hoy estamos muy enamorados y con muchos proyectos. El problema que tengo es con mi ex y los niños: no me quieren más, ni quieren verme, la madre les llena la cabeza de ideas en mi contra, ni sé si con razón o no. Yo amo con toda mi alma a mis hijos y no quiero perderlos por nada del mundo. No sé si lo que me pasó o la decisión que tomé de separarme está bien o mal, el tiempo lo dirá, pero hay veces en que la culpa me mata por no haberme quedado quieto y dejar las cosas como estaban. Tengo sentimientos encontrados que me están destruyendo...

RESPUESTA

Vamos a empezar por esos sentimientos de culpa que tanto daño te están haciendo. Hazte la siguiente pregunta: ¿qué decisión fue la que tomaste tú, la de no volver a ver a tus hijos, o la de unirte a una persona de la que te has enamorado? ¿Es posible entonces que te estés echando la culpa por una decisión que no has tomado tú? Y: ¿está la culpa solucionando el problema, haciendo posible el acercamiento con tus hijos, o al contrario mantiene focalizada tu atención sobre el problema o carencia, sin hacer posible de este modo una búsqueda efectiva de soluciones?

La culpa es una emoción y como tal, no es buena ni mala, es humana. Las emociones cumplen una función, y en el caso de la culpa, facilita la empatía, el darnos cuenta del daño hecho, y por tanto, facilita también el llevar a cabo una conducta reparadora para compensar o corregir ese daño. Precisamente la facilitación emocional es uno de los componentes de la Inteligencia Emocional y se refiere a cuando nuestras emociones nos facilitan procesos cognitivos de mayor calidad, como un mejor proceso de toma de decisiones.

Un fenómeno cognitivo que nos demuestra que la culpa está siendo disfuncional, es el pensamiento rumiativo: darle vueltas y vueltas a un problema o suceso sin buscar una solución. Y es precisamente la búsqueda de soluciones la que nos puede sacar de ese proceso rumiativo. Así que en lugar de preguntarte si hiciste bien, si deberías haber actuado de otra forma, o por qué lo hiciste, asume que tomaste una decisión, que esa decisión no implica necesariamente separarte de tus hijos, y pregúntate qué puedes hacer en el aquí y ahora para conseguir lo que quieres, que no es otra cosa que recuperarles. Ánimo, un abrazo.

lunes, 16 de enero de 2017

COSAS QUE HACEMOS MAL CUANDO NOS DA UN BAJÓN

Hoy es Blue Monday. Ya sabéis, el día más triste del año según un científico que creó una ecuación en la que tenía en cuenta el clima, la disponibilidad de dinero tras las fiestas (Cuesta de Enero lo llamamos aquí), y la confirmación del fracaso de los propósitos del nuevo año: ya me fumé mi primer cigarrillo, ya dejé de ir al gimnasio...

Por supuesto, esta teoría no hay que tomársela en serio, hoy puede ser el día más triste del año como también el más alegre dependiendo de quién seas, qué haya pasado y sobre todo, cómo lo hayas afrontado.

Pero oye, a mí esta moda del Blue Monday al menos me sirve para no comerme mucho el tarro a la hora de elegir tema para escribir mi post semanal: la tristeza.

Pero a diferencia del año pasado, en el que daba consejos para salir de estados depresivos, ahora me centraré en qué solemos hacer mal cuando nos dan esos, como solemos llamar coloquialmente, "temidos" bajones. Es decir, qué no hay que hacer cuando estamos mal, a no ser que queramos ponernos peor.

Atención, porque te puedes ver muy identificada/identificado en este, por decirlo de una manera suave,  descenso a los infiernos de la melancolía extrema y adictiva. Si es así, ya sabes, te vendrá muy bien no seguir haciendo nada de lo que viene a continuación:

1. Dramatizar. Sentir tristeza es lo más normal del mundo, hoy y cualquier otro día del año, así que permítetelo. En el momento en el que sobrevaloramos nuestros momentos de flaqueza emocional, aumentamos sin saberlo el impacto negativo que tienen sobre nosotros.

2. Identificarte. Pensamientos como: "Soy un amargado, mi vida es una mierda..." implican asignarte una identidad o un rasgo estable a partir de un evento inestable. Estás triste, no infieras nada permanente sobre ti o tu vida por ello, es normal, se pasará. Precisamente...

3. Pensar que no se pasará. Las emociones son transitorias. Sin embargo, podemos llegar a pensar "Ya está, esto es lo que toca, a partir de ahora, siempre así". Warning! Ésa es la 1ª puerta de entrada hacia la depresión: la indefensión, pensar que que haga lo que haga, no cambiará. Mentira. Cambia. Quizá no cuando tú quieras, pero siempre si tú quieres.

4. Compararte. Esto es en realidad un mal hábito siempre, así que cuando "estamos depres" mucho peor todavía: "Todo el mundo es feliz menos yo, todos tienen la vida que quieren, los demás no lo pasan tan mal..." Habría que analizar el estudio estadístico en el que te basas para llegar a tales afirmaciones. : /

5. Reprimir tus emociones. Es decir, negar que te sientes así, no permitirte llorar, decirte a ti misma: "Tienes que ser fuerte, baby". Conozco a un montón de personas con una fortaleza increíble y muchas de ellas han llorado delante mía. Al negar algo lo sobrevaloramos (recordar Primer Punto), al aceptarlo lo normalizamos, y llorar sirve para curar y cuando uno está curado está mejor preparado para afrontar nuevos retos.

6. Recurrir a la adicción. Comida, compras, drogas, sexo... Quizá lo último no sea tan malo. Es broma. Cuando recurrimos a ciertas conductas de una manera compulsiva como forma de evitación, para no afrontar nuestros conflictos o no tener que aceptar nuestras emociones, el problema lejos de solucionarse, se mantiene y se agrava. La salida de dolor es a través del propio dolor. Y estas conductas compulsivas se suelen hacer para huir del dolor.

7. Meternos en la cama. Es decir, hacer caso a la emoción. Cuidado, un día en la cama tras un bajón puede ser buenísimo. Pero una semana no. Porque normalmente tenemos cosas que hacer, ¿a que sí? Las emociones suelen hacer una llamada a la acción o a la inacción: si nos llama a llorar es bueno, pero si nos llama a hacer cambios que suponen una interferencia grave en la vida que desearíamos llevar si no estuviera esa emoción presente, no hay que hacerle caso. La emoción puede estar, pero no por ello debemos cederle el control de nuestra vida.

8. No salir. Es decir, dejar de hacer cosas que te gustan, como salir o practicar un hobby, o ponerte a cantar en la ducha. Si no te apetece, no lo hagas, no te presiones a hacer algo que no te apetece hacer. Pero puede que en el fondo sí te apetezca y que lo único que te lo impide son creencias irracionales o  sentimientos de culpabilidad injustificados. En los malos momentos: tienes todo el derecho del mundo tanto a quedarte en la cama llorando (un día) como a salir de fiesta y liarla parda.

9. Pagarlo con los demás. Reconozcámoslo, estar de bajón es lo más natural del mundo, sí, vale, pero cuando estamos de bajón, mmm... No solemos ofrecer la mejor versión de nosotros mismos. Y al final pagamos nuestra tristeza, o más bien nuestra frustración por sentir tristeza (y de nuevo recordar Punto 1), con quienes más queremos, y donde había un problema ahora hay un follón. Un "hoy no estoy pa´nadie" a tiempo, puede salvar muchos matrimonios, amistades e incluso relaciones con los cuñados.

10. Perder el sentido del humor. Una de las cosas que me han enseñado mis pacientes y que más admiro y valoro, es su capacidad para sacar una sonrisa después de una llorera porque me acababan de contar una experiencia muy dolorosa para ellos. Permítete estar triste, que no pasa nada, porque se pasa, pero por nada del mundo te permitas, ni siquiera en los momentos tristes, perder la sonrisa. 

Y si se pierde que vuelva pronto, eh, porque es de las cosas más bonitas que tienes. ¡Un abrazo y que tengas un feliz o triste o lo que te dé la gana a ti Blue Monday!
 

miércoles, 11 de enero de 2017

LA TORMENTA INTERIOR

Imagina la siguiente escena visual:

Un barco en medio de una fuerte tormenta. Y el capitán en cubierta alzando los brazos y vociferando rabioso a las olas, de manera que no sabríamos distinguir quién de los dos está más descontrolado: si la tormenta o él.

Imagina ahora la misma escena pero esta vez el capitán consigue dominar su furia. Está tranquilo, calmado, a pesar de que todo a su alrededor no para de moverse y de ser una amenaza para su integridad. Acepta que está en peligro, que puede morir, pero es esa aceptación (que no resignación) lo que le permite dirigir su energía a tratar de controlar el barco para salvarse y no morir ahogado.

Ambos capitanes pueden sucumbir al poder de la tempestad. Pero uno de ellos tiene más probabilidades de no hacerlo. Y si al final es derrotado, al menos, se irá en paz.

Nuestro Universo Emocional a veces se transforma en una poderosa tormenta. Podemos dejarnos arrastrar por ella, y entonces es cuando la tristeza se convierte en depresión, el miedo en ansiedad, la incertidumbre en estrés y la ira en violencia. O podemos simplemente aceptar la presencia de la tormenta para dirigir nuestra energía en encontrar paz.

Si no acepto la presencia de la tormenta, dirigiré toda mi energía en negarla y en repudiarla, y mi rabia, mi frustración o mi impotencia se fundirán con la energía de la tormenta. Todo se volverá Uno, contra mí.

Es cuando acepto, cuando dejo de perder el tiempo en negar lo que es, cuando entonces puedo dirigir mis pensamientos y acciones a transformar lo que es. Coger el timón y mantenerme a flote, hasta conseguir llegar a aguas calmadas.

A veces se necesita tiempo, paciencia y mucha esperanza. A veces nos ahogamos...

Pero créeme, 
aunque todo esté mal ahí afuera, o ahí dentro, 
no dejas de ser capitán de tu barco, por muy fuerte que sople la tormenta.

A través del Mindfulness en Emociones nos proponemos observar nuestro propio Universo Emocional desde fuera, para llegar a aceptarlo, y a partir de esa aceptación, transformarlo. Este sábado 14/01  por la mañana haré un taller para, a través de ejercicios de meditación, entrenar esta capacidad de la Atención Plena sobre nuestro mundo interior. Te dejo aquí más info.

Si estás en Málaga durante esta fecha, te espero. Tanto si sí como si no, te deseo, ya sea a veces por aguas calmadas y otras por aguas más revoltosas, que tengas muy buen viaje.

Y un abrazo.