lunes, 20 de marzo de 2017

HÁBITOS DE MENTE SANA

Hoy es el Día Internacional de la Felicidad, y creo que muchos coincidirán conmigo al identificar aquélla con el bienestar. ¿Qué es la felicidad? Estar bien, sentirse bien. En sus diferentes formas (paz, alegría, plenitud...) y niveles: físico, mental, emocional.

A nivel más fisiológico, son ya más que conocidos algunos hábitos que promocionan la salud (y por tanto previenen la enfermedad), que hacen que nuestro cuerpo se sienta bien, y con él nuestra mente y nuestro sistema nervioso: ejercicio físico, dieta variada y equilibrada, vida no sedentaria, sexo, descanso, etc.

A nivel cognitivo, también podemos fortalecer la salud de nuestra mente, repercutiendo con ello positivamente en nuestra salud física y emocional. Estos son algunos sencillos hábitos que puedes incorporar ya a tu rutina diaria para moldearte a ti mismo como un ser más equilibrado, sano y feliz.

¡Vamos a verlos!

1. Medita. Y si entrenas Mindfulness a través de la meditación, mucho mejor (existe, según qué disciplina, diversas alternativas para meditar). El Mindfulness es nuestra capacidad de prestar atención plena al momento presente, libres de juicios y otro tipo de pensamientos. ¿Te imaginas la carga que le quitamos a nuestra mente cuando hacemos eso? Porque siempre la estamos llenando con pensamientos del pasado y del futuro. Cuando simplemente observamos el aquí y ahora, nuestra mente descansa, y lo agradece.

2. Levántate con un pensamiento positivo cada mañana y acuéstate con otro cada noche. ¿No es más habitual hacer lo contrario? Al despertar: "Uf, qué sueño, qué pereza levantarme..."; y al ir a dormir, nos llevamos nuestras preocupaciones a la cama: "Mañana tengo que hacer esto, y esto otro... ¿Hice bien al hacer eso o decir aquéllo? ¿He olvidado hacer algo importante?" Saturamos nuestra mente y la llenamos de negatividad. Un truco para hacer lo contrario: yo trato de despertarme y pensar en algo agradable que sé que voy a hacer ese día (comer un plato que me gusta, ver a alguien que me agrada, hacer alguna actividad que me entretiene) y al ir a la cama recuerdo las mejores experiencias de ese día.

3. Lee. Los libros son el gimnasio de la mente. La llenan de conocimiento, estimulan su pensamiento crítico y su creatividad, nos hacen llorar y reír... En España las estadísticas son devastadoras: uno de cada tres no lee, uno de cada cuatro sufrirá un trastorno mental en su vida. ¿Estará relacionado? No lo sé, pero vuelvo a repetirlo: los libros son el gimnasio de la mente, y una mente más fuerte, es una mente más sana.

4. Háblate. ¿Eres de esos que no lo hace, como mi madre, pero que luego le habla a su perra como si fuera una persona? Hablarse a uno mismo no es señal de locura (hablar a los animales tampoco, quede claro... ¡a no ser que creas que ten entienden!), todo lo contrario, es un hábito positivo para nuestra salud mental. Aunque también depende de lo que nos digamos, claro: ten un discurso compasivo (amable), que trate de buscar soluciones a esos problemas que suelen dar vueltas y vueltas alrededor de tu cabeza (rumiaciones) y que use un enfoque racional y útil, eliminando así los sesgos cognitivos y dramatizaciones que produce nuestra mente.

5. Deja de tratar de abarcar con tu mente aquello que no puedes controlar. La mente es libre, puede viajar a donde desee, hasta a la Casa Blanca si quiere para charlar un ratito con Trump... Le damos un trabajo extra innecesario a nuestra mente cuando tratamos que solucione los problemas del mundo, los del futuro, los del pasado, los de otras personas... Hazte la siguiente pregunta: ¿puedes hacer algo?, o: ¿puedes hacer algo ahora mismo? (porque si estás en la cama y son las 3 de la madrugada dudo de que sea el momento) Si puedes, hazlo; si no, olvídate y deja descansar a tu mente, que tiene que estar de ti hasta los mismísimos.

6. Ten cuidado con la gente tóxica. Ya sabes, aquellos que te chupan la energía y que saturan a la pobre de tu mente con: negatividad, problemas, quejas, lamentaciones, preocupaciones, miserias varias... Podemos ayudar, pero es la otra persona quien ha de resolver su vida, no tú. Y cuidado también con el concepto de ayuda: dale a una persona una muleta cuando se ha hecho un esguince, y se curará; dale una muleta para toda la vida, y se volverá coja. Ayudar sí, regalar nuestra energía no, que luego la mente, se resiente.

7. No pierdas demasiado tiempo para tomar una decisión. Lo explico: tienes que elegir entre A y B, conoces los contras o riesgos que suponen ambos, y también los pros y posibles beneficios de los dos, y aún sigues dándole vueltas porque quieres verificar que no se te escapa nada, para estar seguro de que eliges la opción correcta. ¡Nunca vas a estar totalmente seguro! Hay que arriesgarse, meditarlo no te garantiza que tu decisión sea la acertada, ¿y qué? Hazlo, y si sale bien, bien, y si sale mal, también bien, porque aprenderás de ello. Y estoy hablando de tomar decisiones importantes, con las menos importantes hay que dejarse llevar mucho más por la intuición, por las emociones. Imagina a una persona debatiéndose durante una hora si ir a tal o cual restaurante, y pedir ésta u otra comida, y decidir entre aquél o aquel otro postre... ¿Te suena? ¡Sobrecargamos el cerebro con tantos datos, con tanta información! Decide rápido, y la mente te lo agradecerá.

Y ya está, no están todos los que son, pero son todos los que están. Sencillos hábitos para que tu mente esté más relajada y plácida, y para que el Día de la Felicidad no sea sólo hoy, sino muchos días del año. Un abrazo y feliz día.

miércoles, 15 de marzo de 2017

DECÁLOGO DEL EMIGRANTE

Aunque algunos de nuestros políticos en España, haciendo gala de una evidente carencia de empatía (con lo imprescindible que debería ser la empatía para gobernar) se empeñen en seguir llamándolo una "aventura", la realidad es que emigrar, independientemente de las motivaciones que hayan llevado a tomar la decisión, es un acto difícil y doloroso, ya que, aunque en pos de una ganancias (mejorar la vida), siempre se producen unas pérdidas, y hay por tanto que pasar por un duelo, sumado a un proceso de adaptación al lugar de destino.

Sin embargo, ese duelo es superable, esas pérdidas recuperables, esa adaptación posible, y esas ganancias oportunidades que podemos transformar en resultados para enriquecer nuestra vida personal. Para todas aquellas personas que están pasando por una etapa de estrés por adaptación a un lugar alejado de su tierra de origen, etapa en la que los sentimientos de soledad, tristeza y ansiedad son recurrentes e intensos, aquí van una serie de recomendaciones:

1. Date tiempo. Asume que, sobre todo al principio, vas a echar de menos, y que te vas sentir raro y perdido. Es lo normal. Es por lo que han pasado todos. Pero conozco personas que me dicen que aunque emigrar ha sido la experiencia más dura para ellos, también ha sido la más bonita. No pocas veces, tras el dolor, encontramos la belleza de la vida.

2. Pon el foco de atención en lo positivo. Ya sé que así dicho parece un tópico, un "lugar común" muy frecuentado: hay que ver el lado bueno. Pero si emigras y en lo único que piensas es en lo que dejas atrás, en lo que has perdido, en los problemas que pueden estar por venir... mal asunto. Nuestros pensamientos influyen más en nuestro estado de ánimo que los propios acontecimientos. ¿Qué hay de lo que tienes, de las oportunidades que se te presentan, de las soluciones a los problemas...?

3. Sociabiliza. Puede que hayas dejado gente atrás, ¿pero y la gente que está por descubrir? No son pocos los que han conocido a sus mejores amigos, o a sus parejas, en el extranjero. Ábrete a conocer gente. Y cuidado, no tienen por qué ser personas de tu país de origen. Conocer a personas de diversas culturas, si tienes la posibilidad, te ayudará a abrir la mente.

4. Usa las Redes Sociales. Para seguir en contacto con tus seres queridos. Nuestros padre y abuelos no pudieron hacerlo, nosotros tenemos ese gran privilegio, usémoslo. Pero de nuevo, ¡cuidado! Que no sea para revivir continuamente el sentimiento de "echar de menos". Vamos a tener encuentros significativos con la otra persona que impliquen más presencia que ausencia, más alegría que desesperanza. Vamos a reírnos, vamos a decir "te quiero", vamos a llorar más de felicidad que de pena.

5. Conoce la cultura. Cualquier sitio al que vayas tiene secretos que ofrecerte. No te empeñes simplemente en ser el mismo "yo" que salió de casa, sólo que no está en casa. Nuestro yo es un ente en constante transformación. Déjate transformar por la riqueza del lugar de destino: aprendiendo el idioma, visitando sus lugares más característicos, haciendo las actividades que son más comunes (siempre que te gusten), siguiendo sus costumbres (siempre que no atenten contra tu escala de valores). Mézclate, se uno más, pero sin dejar de ser tú, manteniendo tu identidad.

6. Sigue haciendo las cosas que siempre te han gustado, y hazlas muy a menudo. Es totalmente complementario con lo anterior. Si en tu lugar de destino no se come tu plato favorito, cocínalo tú mismo, o pide que te lo manden. Si no hay mar y te gustaba nadar, ve a la piscina. Si la música que ponen allí no te va, convierte tu habitación en tu propia discoteca. Lo único que se interpone frente a seguir manteniendo tus intereses y hobbies seguramente es tu falta de imaginación.

7. Vuelve de vez en cuando. Unas vacaciones a tu tierra, y la mirarás con otros ojos. Aquellos paisajes, olores y sensaciones que antes te pasaban inadvertidos, ahora te despertarán emociones nuevas e intensas. No hay nada como tomar distancia para valorar de verdad lo que más se quiere. No querrás irte, pero tendrás que hacerlo. No lo vivencies con el sentimiento de amargura por tener que irte de nuevo, sino con la ilusión de la promesa de volver.

8. Revisa de vez en cuando las metas por las que te marchaste. ¿Se están cumpliendo? Si no es así, no necesariamente implica que tengas que volverte con lo puesto, simplemente date cuenta de por qué está sucediendo y aplica aquellas soluciones que creas conveniente. Si hay que irse se va, pero irse pa ná...

9. Pide ayuda, si lo necesitas. Para este tipo de problemática o para cualquier otra. No es malo. A veces es necesario, y no pasa nada, no somos más débiles por recurrir a alguien, sino que mostramos fortaleza al pedir ayuda porque es una manera de afrontar nuestros problemas, y totalmente legítima. Si sientes inseguridad por el idioma, hay muchos psicólogos españoles que como yo, ofrecen terapia on line. No hay excusas.

10. Por último y no menos importante, grábate esto a fuego en tu cabeza, tanto antes de irte, como durante tu proceso de adaptación, como cuando ya te consideres totalmente adaptado a tu lugar de destino: tu decisión no es totalmente irreversible. Puedes probar y durante un tiempo darte cuenta de que aquello no es lo tuyo y, ¿qué vas hacer, permanecer allí por cabezonería, por orgullo? O puede irte mal: un fracaso, y tienes todo el derecho del mundo a fracasar y buscar el éxito en otro sitio y por otros medios, con más bagaje y experiencia acumulada. O puede irte bien, de puta madre, y querer volver. Salir, no implica salir para siempre.

Hoy, son muchos los que salen y no por ansias de aventura, precisamente. Pero de ti depende, de tu actitud, que esa experiencia quizá se convierta en la aventura más alucinante de tu vida. Fuerza, alegría y paciencia. Un abrazo.

miércoles, 8 de marzo de 2017

LA FORTALEZA DE SER MUJER

Hoy, 8 de Marzo, es el Día Internacional de la Mujer. Y quería dedicarles este post por dos motivos:
Uno porque a mis talleres y terapias acuden más mujeres que hombres. Así que es una muestra de gratitud que no quería desaprovechar.
El otro: porque me parece una ocasión para, haciendo un paralelismo entre la mujer y la o el paciente, defender la fortaleza de ambos.
No sé si todavía se tiende a indentificar a las personas que acuden a terapias psicológicas o talleres de Crecimiento Personal como débiles. Supongo que, como hay de todo, es posible que también aún existan personas con esa opinión. Lo mismo que todavía existen ignorantes que llaman a la mujer: el sexo débil.
Ese sexo débil que se levanta por la mañana temprano para ir a trabajar y se acuesta tarde cuidando de sus hijos.
Ese sexo débil que es capaz de escapar de la violencia de género y empezar su vida de cero.
Ese sexo débil que día tras día se enfrenta a desigualdades laborales.
Ese sexo débil que lucha para que no la juzgen por su físico o su forma de vestir.
Ese sexo débil que soporta los dolores del parto cuando dan a luz a sus hijos, que aguanta las penas de la vejez de sus padres cuando sus vidas se consume.
Ese sexo débil que si acude a terapia psicológica o a talleres de crecimiento personal, lo hace precisamente porque saca su fortaleza y su coraje para empoderarse frente a sus problemas y resolverlos, si tiene la capacidad de hacerlo, y aprender de aquello que no se puede cambiar.
La mujer, como el hombre, es vulnerable, no débil. La diferencia entre un concepto y otro es que ser vulnerable implica que nos pueden hacer daño, que podemos sufrir. Ser débil es rendirse ante ese dolor y sufrimiento. Y la mujer, que tanto dolor y sufrimiento ha tenido que padecer a lo largo de la Historia, y de vuestras propias historias personales, se ha hecho fuerte. Os habéis hecho fuertes.
Exactamente como lo hace el paciente a través de su proceso terapéutico.
Por eso, hoy, Día Internacional de la Mujer, quiero daros las gracias, por inspirarme, como hombre, como psicólogo, por servirme de modelo de fortaleza.
Porque ni ser mujer, ni ser paciente, ni interesarte por tu salud mental y emocional, debería ser considerado nunca una vergüenza, sino un orgullo.
Este sábado día 11 de Marzo haré un Taller de Habilidades Sociales que no será sólo para aprender a relacionate mejor con los demás, sino sobre todo, contigo mismo. Espero ver allí a muchas mujeres, a muchos hombres, todos personas queriendo aprender, mejorar, y crecer.
Y la verdad es que, no me imagino el crecimiento personal, social y humano, sin la mujer.
Por eso, ¡feliz Día de la Mujer, a todos!

lunes, 27 de febrero de 2017

MIEDO A LA SOLEDAD

Desde 2015 tengo el orgullo de formar parte del APOL: el servicio de Apoyo Psicológico On Line de la Fundación Punset. Una selección de psicólogos de toda España que contestamos consultas en torno a problemas de depresión, ansiedad, estrés, pareja, desamor, y muchos otros.

Desde entonces, una gran cantidad de trabajo, más de 150 consultas publicadas, y una enorme experiencia de aprendizaje que me llevo y que quiero compartir contigo, publicando algunas de las consultas más destacadas que he tenido la oportunidad de contestar.

Esta semana: Miedo a la soledad. Un caso que muestra como el miedo a sentirnos solos puede ser exagerado y llevarnos a la infelicidad. La soledad es un espacio en el que podemos encontrarnos con nosotros mismos. Un abrazo.

CONSULTA 

Siento como una pesadez en mi cabeza y de repente me dan ganas de llorar. Llevo dos años en Inglaterra y estoy contenta, no es fácil estar aquí sola, porque no tengo verdaderos amigos y me encantaría tener una vida social mas activa, pero no me puedo quejar. He trabajado y trabajo muy duro, a veces 52 horas a la semana para conseguir lo que con suerte en un mes tendré, mi merecido puesto de Manager. Salgo con un chico inglés, pero no es una relación ni fácil, ni normal. Yo quiero verlo más y es muy difícil porque está en tratamiento por un problema de espalda y además tiene una ex mujer y dos hijas. Creo que en breve me hartaré de esta relación, pero no sé por qué no doy el paso. Bueno, supongo que sí lo sé: no quiero estar sola. Quizás son muchas cosas ahora en mi cabeza: mi trabajo, mi pareja, y debería sentarme a pensar y decidir qué es lo que me conviene, pero es que me resulta muy difícil, porque no puedo concentrarme.

RESPUESTA

La procrastinación es la acción de postergar actividades o situaciones que deben atenderse. Una de las actividades que más se pospone es el acto de tomar una decisión. Esto se debe al nivel de estrés que nos provoca ese acto. Sin embargo, fíjate que la procrastinación se relaciona muy a menudo con problemas de ansiedad y depresión, y a las somatizaciones.

Con esto no quiero que pienses que te estoy empujando a tomar la decisión de romper la relación con tu actual pareja. Un psicólogo no toma decisiones, pero ayuda a la otra persona a vencer las resistencias que le impiden tomar una decisión. ¿Qué resistencias te impiden continuar con la relación? La actual enfermedad de tu pareja, su rol de ex marido y padre, tus largas jornadas de trabajo. Pregúntate si son insalvables, inmodificables o incompatibles para ti. Resistencias para terminar la relación: la soledad. En la sociedad actual la soledad tiene muy mala fama, pero la verdad es que puede significar una oportunidad para el autoconocimiento, para la meditación y la reflexión, y a partir de ello, para el cambio y el crecimiento personal.

Hablar con tu pareja de una manera franca y directa también puede ayudarte a darte cuenta de cómo estáis, de qué es lo queréis, y decidir qué rumbo vais a tomar. Y por último, disponer de unas redes sociales más fuertes y amplias te ayudará a vencer ese miedo a la soledad y aumentará tu satisfacción vital. Uno de los problemas que tienes es que trabajas muchas horas y eso te dificulta pasar más tiempo con tus amigos o conocer gente nueva. Además del nivel de estrés y de fatiga que es probable que te provoque. Pregúntate si es algo que está en tu mano cambiar. El estrés no es bueno para la salud mental y emocional. Los amigos, sí lo son. Un abrazo.

lunes, 20 de febrero de 2017

CÓMO DEJAR DE PREOCUPARSE

Hay varios acontecimientos que han provocado que hoy escriba este post. En primer lugar que últimamente varios pacientes me reconocen que se descubren a sí mismos preocupándose por tonterías. El segundo, que hoy mientras corría, me he descubierto a mí mismo preocupándome por tonterías (sí, soy psicólogo, y aún así no soy perfecto :p ). Y el tercero haber visto ayer la película Manchester frente al mar, de la cual no desvelaré nada porque se merece que la veáis, pero digamos que el protagonista no es de los que se preocupan mucho.

No sé si tú alguna vez te has descubierto a ti mismo preocupándote por tonterías, pero permíteme imaginarme que sí. Es algo bastante común. Y que sin embargo puede provocar graves interferencias en nuestro bienestar: nos impide estar concentrados en una tarea y por tanto afecta a  nuestro rendimiento, nos dificulta la conexión con el aquí y ahora al mantenernos enfocados hacia el futuro, y nos genera ansiedad, ya que la tontería en sí en ese instante no es valorada como una tontería, y de ahí la preocupación.

Razones hay de sobra para querer mejorar en la gestión de nuestras preocupaciones, sobre todo si son tonterías. Pero lógicamente, para poder hacerlo tendremos que saber discernir entre tontería y lo que no lo es. ¿Y cómo lo hacemos? Evaluando el foco (el origen, la raíz, el porqué) de nuestra preocupación. De tal manera que:

¿CÓMO SABER QUE ME ESTOY PREOCUPANDO POR UNA TONTERÍA?
  • ¿El foco de tu preocupación es algo que no controlas? Es una tontería. No hay tontuna más grande que preocuparte por algo sobre lo que no puedes hacer nada.
  • ¿Controlas el foco de tu preocupación, pero no ahora? Me explico: sí que puedes hacer algo, pero no puedes hacer nada ahora... ¡a las 3 de la madrugada!
  • ¿El foco de tu preocupación amenaza tu integridad, tu existencia, tu felicidad? Imagínate que pasara aquello que tu mente preocupada teme que pase: supongo que sería malo, negativo, incómodo, desagradable... ¿Pero habría soluciones, alternativas, podrías seguir teniendo una vida relativamente feliz después de eso? Si la respuesta es sí, no lo dudes, ¡tontería!
  • ¿Es el foco de tu preocupación más importante que las cosas que te hacen feliz: familia, amigos, amor, aficiones, risas, satisfacción y crecimiento personal, autorrealización...? Ejemplos: ¿si tu foco de preocupación fuera quedarte sin empleo, podrías mantener el resto de cosas? ¿Si tu foco de preocupación fuera una de las cosas mencionadas, no podrías volver a enamorarte o tratar de hallar la autorrealización de otra manera?
Si usamos los filtros mencionados, seguramente encontremos que algunas de las cosas sobre las que nos preocupamos escapan a nuestro control, o que ahora no es el momento de pensar en ellas, o que no suponen una amenaza seria para nosotros, o que hay cosas más importantes y positivas sobre las que pensar.

No. No, perdón, algunas no... ¡La gran mayoría! Y es que...

La mente rumiante es la mente tratando de controlar
algo que no controla.
La mente anticipándose es la manifestación
de nuestro perfeccionismo.

Deseamos tenerlo todo atado y bien atado. Lo que se escapa a nuestro control. Lo que aún no ha sucedido. Lo que no es tan grave y es secundario. ¿Por qué? Por nuestro infantil rechazo al dolor emocional, ya sea en forma de tristeza, vergüenza o desilusión. Por nuestra inmadura interpretación del fracaso, que nos impide precisamente madurar, crecer.

Por tanto, lo único que hay que hacer, una vez sabido esto, es decirse a uno mismo bien alto: "No seas niño, no seas inmaduro, ¡y deja de pensar en esa tontería!"

Claro... ¡Claro que no!

El "deja de pensar" tiene un efecto rebote: en cuanto nos decimos "deja de pensar en tal" el "tal" se convierte en nuestro foco de atención.

Pero si llevamos a cabo el análisis que hemos realizado antes, sabremos entonces ya que el "tal" no es urgente ni amenazante ni importante.

Esto es imprescindible tenerlo bien claro. Peeeero... Aun teniéndolo claro, nuestra mente (la tuya, la mía, la de casi todos...) que por razones evolutivas, sociales y biográficas, sí que es una "mete prisas", una dramática y a veces incluso una histérica, nos devolverá una y otra vez el foco de preocupación para que rumiemos, anticipemos, dramaticemos y nos pongamos histéricos.

¿Y qué hay que hacer entonces cuando suceda eso? NADA. Déjalo estar. Let it be. ¿Por qué? Porque si ya hemos detectado que el foco de preocupación no es urgente ni amenazante ni importante, da igual que se presente cuantas veces quiera que se presente, ya que eso no lo convierte ni en urgente ni en amenazante ni en importante. Eso lo único que nos revela es que nuestra mente es una cansina perdía.

Y sí, sí que lo es. Y mientras más le hacemos caso, peor. Así que la próxima vez que se ponga pesada la jodía por culo, simplemente:
  • Date cuenta, sin reaccionar, sin juzgar, sin sobrevalorar ni hacer interpretaciones catastrofistas.
  • Relativiza, desdramatiza, bahitiza (¡bah!).
  • Cambia el foco de atención, dístraete u... ¡ocúpate de lo importante!
Tu familia, tus amigos, hacer el amor, reírte de todo... y el fantástico sonido de tu respiración.

martes, 14 de febrero de 2017

EL MITO DE SAN VALENTÍN

Desde hace ya algunos años que vengo haciendo, cuando se acerca el 14 de Febrero, el Taller Desarmando a Cupido: eliminación de creencias tóxicas sobre el amor.

El título de este taller puede dar lugar a la siguiente inferencia: David Salinas odia el Día de los Enamorados. :(

Sin animo de defenderme, ya que yo no soy responsable de las inferencias de los demás, diré sin embargo que no es cierto. No estoy en contra de que se celebre el amor, que las parejas se hagan regalos y se den muestras de afecto, que los solteros organicen reuniones para conocer gente nueva, y que El Corte Inglés hoy haga su Agosto... Bueno, a quién voy a engañar, esto último ya no me gusta tanto.

El problema que aparece con el Mito de San Valentín es:

La falsa sensación de obligación.

Ocurre lo mismo que en Navidad. ¡A mí me gusta la Navidad! Vacaciones, fiestas, jamón... ¡Joder, jamón! ¿A quién no le puede gustar la Navidad si se come mucho jamón? :D Sin embargo, esa falsa percepción de que por obligación debemos estar felices, ser solidarios, compartir más tiempo con la familia... La obligación precisamente es lo que nos impide disfrutar de momentos felices y familiares, o de la satisfacción que uno obtiene al realizar actos solidarios, cuando quiere.

Pues el 14 de Febrero, día de San Valentín y de los Enamorados, día en el que el maldito Cupido sale a lanzar sus flecha (¡y cómo se equivoca el mamón!), parece que existe esa obligación de dar amor o tener un amor. Por tanto, deberé exigirme lo máximo para contentar a mi pareja ese día, o deberé esperar mucho de mi pareja porque si no se cumplen mis expectativas significa que quizá algo raro pasa, como que no me quiere, o deberé, si no tengo pareja, sentirme muy triste y buscar con urgencia alguien que llene mi vacío...

Ayyy, cuántas parejas habrán roto,
o se habrán formado,
sin motivos sólidos,
por culpa de San Valentín.

Porque el motivo del amor no debe ser la presión, la obligación o el miedo. El motivo del amor es el deseo, la motivación, el "quiero, el propio amor.

La mayoría de la gente piensa que el Mito de San Valentín lo creó El Corte Inglés por razones, evidentemente, comerciales. No es cierto. El mito se generó porque en la Roma Católica del Siglo III estaba prohibido que los hombres jóvenes se casaran, para que fueran a la guerra sin ataduras y combatieran mejor. Un sacerdote desobedeció esa prohibición, casando a los jóvenes enamorados en secreto. Ese sacerdote se llamaba Valentín.

Pero fue en el S.XX, en nuestro país, Galerías Preciados (y no El Corte Inglés) quien volvió a popularizar el mito de San Valentín para incentivar las compras. En muchos países del mundo, sobre todo en Sudamérica, se celebra el Día del Amor y de la Amistad.

Yo quiero dedicar hoy este post a todos los enamorados: enamorados de sus parejas, de sus amigos, de sus familias, de los animales, del planeta, de la vida... Y del jamón, claro que sí, ¿por qué no? Enamorados de la risa, de la alegría y de la psicología, como ciencia que previene y trata trastornos mentales y del estado de ánimo, y por supuesto, también como ciencia que promociona la salud mental a través del estudio de la felicidad.

Y a los enamorados del amor libre. No me refiero a esas personas que deciden, libremente y por mutuo acuerdo, estar ligadas sentimental y/o sensualmente a varias personas a la vez (que, oye, me parece fantástico). Pero no, sobre todo dedico este post a todas esas personas que tienen la valentía, el coraje, y el suficiente amor propio para amar cuando quieren, a quien quieren y de la forma que quieren. ¡Va por vosotros, porque sin dudas, sois las personas más románticas del mundo!

Esta tarde estaré hablando de Cupido y la madre que lo parió y otros temas en Metro Radio.fm, en algún momento entre las 20:00 y 21:00 hora española. Un abrazo y a disfrutar del amor, en sus múltiples significados, hoy, mañana y siempre.

lunes, 6 de febrero de 2017

LA DEPENDENCIA EMOCIONAL

Algo va mal en el mundo.

El otro día veía una de esas noticias que a veces (muchas más veces de lo que me gustaría) salen en los telediarios y son de esas razones por las que desearía dejar de ver telediarios. Una de esas historias que te sienta como una patada en los genitales. Una de esas historias que te parte el alma.

Un hombre con antecedentes por malos tratos se peleaba con su mujer en un hospital y de repente cogió a la hija de ambos, de tan sólo 1 año, y se tiró por la ventana con ella. Los dos, padre e hija, murieron.

Las últimas palabras de él, dirigidas a la madre, fueron: "Te voy a dar donde más duele".

No es difícil, por desgracia,  imaginar al ¿hombre?, antes del fatal desenlace, hecho una furia por... ¿Por qué, por celos, porque la mujer quería separarse...? ¿Acaso importa? ¿Acaso la vida de una niña vale menos que una historia de amor?

El caso es que en España, y en el mundo, demasiadas historias de amor acaban mal, porque empiezan mal. Entender el amor como "Apego Afectivo", término acuñado por el psicólogo cognitivo Walter Riso y que sería el equivalente a hablar de dependencia emocional, es entender muy, pero que muy mal, el amor.

La dependencia emocional se da por la creencia de que se necesita a otra persona para ser feliz, y por tanto, sin esa persona, nunca se será feliz. Así que si nunca voy a ser feliz, como no tengo ya nada que perder, ¿qué me impide matar?

La próxima vez mátate tú solo.

Muchos de los casos de violencia de género, creo, tienen su origen, además de en ideas machistas que convierten a la mujer en una posesión, también en esta forma de entender el amor como una necesidad inventada, cobarde y egoísta. "Yo no quiero que me ames, necesito que me ames porque ni yo soy capaz de amarme a mí mismo".

Riso dice que el apego afectivo (dependencia emocional) representa un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en cuatro creencias falsas: que es permanente, que te va a hacer feliz, que te va a dar seguridad total y que dará sentido a tu vida. Cuando tienes un vínculo de este tipo no estás preparado para la pérdida y no aceptas el desprendimiento. Además, Riso, en una entrevista, valoraba este apego o dependencia como el “mayor motivo de sufrimiento de la humanidad”.

Desde luego, algo va mal en el mundo cuando nos despertamos casi cada día con crímenes por violencia de género, cuando las consultas de psicólogos se llenan de corazones rotos incapaces de superar una ruptura sentimental, cuando hay personas que eligen a un presidente que defiende un discurso de odio hacia otras razas y culturas.

Este sábado 11 de Febrero vuelvo a hacer, como casi siempre por estas fechas, el Taller Desarmando a Cupido: eliminación de creencias tóxicas sobre el amor. Un taller para desaprender esquemas mentales hiperrománticos y negativos que contaminan las relaciones humanas y la autoestima.

Porque amor no es necesitar a otro ni obligar a nadie a amarte. El amor no es miedo, ni odio. El amor es todo lo contrario al miedo y al odio. El amor es quererme tanto a mí mismo que eso me dé el coraje para invitarte a andar este camino conmigo, y la paz interior para seguir yo solo hacia delante, si un día decides apartarte de mí.

Porque algo va mal en el mundo. Y sin embargo, sólo una cosa puede salvarnos. Y es el amor.